COP30, el grito del Amazonas -- Evaristo Villar

0
146

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Belém, crisol de una nueva conciencia
Belém, noviembre de 2025. La COP30 no es solo otra cumbre
climática; es un espejo de nuestra humanidad ante su mayor desafío
existencial. El planeta, febril y herido —el año 2024 registró un
aumento medio de 1,48 °C sobre niveles preindustriales (OMM,
2025)—, late bajo un ecosistema digital intoxicado, donde la
información y el rumor se confunden y amenazan la acción climática.

Desde el corazón del Amazonas se alza un coro de voces: sin
verdad verificable, no puede haber soluciones reales. La activista
Greta Thunberg lo resumió con crudeza en la plenaria
inaugural: “Si no decimos la verdad, no podremos construir soluciones
reales”. Su advertencia conecta con la del Papa Francisco en la
encíclica Laudato si’, donde afirma que “nunca hemos maltratado y
lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos” (LS 53).

El incendio digital y el bloqueo fósil
El presidente Lula da Silva abrió la cumbre con críticas directas hacia
quienes “rechazan la ciencia y erosionan el multilateralismo”. En su
discurso hizo eco del análisis del periodista Manuel Planelles, quien
señaló que “la viralización de bulos climáticos (…) está impulsada por
algoritmos que anteponen el impacto a la veracidad” (El País, 12 nov.
2025), un fenómeno que prolifera mientras “las emisiones globales
alcanzan las 57.000 millones de toneladas de CO? equivalente al año”.

Frente a esta ofensiva, una coalición de diez naciones, respaldada por la ONU y la UNESCO, advirtió sobre una “ola sostenida de ataques contra
periodistas, científicos y defensores ambientales, que retrasa la acción urgente y amenaza la estabilidad social” (UNESCO, 2025, p. 2).

La organización ClientEarth sumó otra alerta, denunciando que “plataformas digitales y empresas fósiles despliegan estrategias sofisticadas para socavar la confianza pública” (ClientEarth, 2025).
Belém, ciudad entre la selva y la desembocadura del Amazonas, acoge la
COP30 en su tramo final con este telón de fondo. Las negociaciones, que
deberían cerrar el viernes 21, siguen trabadas, especialmente en torno al tema que ha terminado dominando el debate: los combustibles fósiles.

Pese a que el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) ha advertido durante décadas de la necesidad de abandonar petróleo, gas y carbón, las referencias explícitas a reducir su uso han sido históricamente vetadas por los países productores. Tras el avance logrado en Dubái en 2023, esa mención desapareció en la COP de Bakú 2024, pero Brasil, anfitrión actual, ha intentado que la cumbre marque una hoja de ruta para superar la dependencia fósil, una idea que ha ganado apoyos en la semana final con el respaldo de una veintena de países.

El contexto internacional complica este avance. El segundo mandato de
Donald Trump supone un fuerte retroceso: EE. UU. aparece a la cola en
acción climática y el presidente presiona contra cualquier medida que
limite el uso de combustibles fósiles, mientras refuerza alianzas con
potencias petroleras como Arabia Saudí.

La carrera contra el reloj
A pesar del ruido digital, Belém muestra avances concretos. 113 países,
responsables del 69 % de las emisiones globales, han actualizado sus NDC (el compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero), con un potencial de “reducción del 12 % hacia 2035 respecto a 2019” (UNFCCC, 2025). Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, subrayó que “la curva de emisiones comienza a inclinarse, pero se necesitan 1,3 billones de dólares anuales para sostener la acción climática en los países en desarrollo”.

Sin embargo, la primera semana cerró sin resolver cuatro bloques críticos: financiación del Norte global, fin de los combustibles fósiles, transparencia climática y medidas comerciales unilaterales. El Mecanismo de Acción de Belém para la Transición Justa, apoyado por el G77 (coalición de 144 países en desarrollo) y China, sigue bloqueado por el Norte global.

La tensión crece mientras Brasil intenta desbloquear la inclusión explícita del abandono de los combustibles fósiles.
Democracia, resistencia y rostros del impacto
Por primera vez en tres años, la cumbre se celebra en un país formalmente democrático. Esto permite que activistas y comunidades indígenas se movilicen libremente, marchando en un funeral simbólico para “enterrar” los combustibles fósiles.

La protesta recuerda que el cambio climático no es abstracto.
La cumbre sirve además para visibilizar los impactos reales. Un informe
presentado por Greenpeace y el CSIC documenta cómo “las comunidades
costeras en España ya enfrentan desplazamientos debido a la subida del
nivel del mar y la intensificación de los fenómenos extremos” (Greenpeace/CSIC, 2025, p.7), poniendo rostro a una crisis
tangible y global. En paralelo, la COP busca relanzar una alianza
internacional contra la desinformación climática, a la que España se ha
sumado activamente.

Amazonas, laboratorio del futuro
Mientras en Belém se debaten declaraciones, en la selva de Manaus el
proyecto AmazonFACE trata de construir el futuro. Mediante "seis anillos metálicos que inyectan CO? a árboles", simula las condiciones atmosféricas venideras.

La urgencia es crítica: la Amazonía, pulmón del mundo, ha perdido 17% de su superficie y algunas zonas ya emiten más carbono del que absorben. Carlos Quesada, coordinador del Instituto
Nacional de Investigaciones de la Amazonia, explica que el objetivo es
"construir la atmósfera del mañana" mediante sensores que miden cada diez minutos la absorción de carbono y la salud del ecosistema.

La encrucijada final
Belém recuerda que la batalla climática es moral, además de científica y política. “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mt 6,21). Laudato si’ insiste: “no hay dos crisis separadas, sino una sola, compleja y entrelazada” (LS 139). Frente al negacionismo, existen herramientas para construir caminos distintos. Lo que falta es velocidad, cooperación real y una defensa férrea de la verdad verificable. El clima no espera negociaciones interminables. Belém es el crisol donde todo converge, recordándonos que la acción climática no admite demora.