Este Mundo injusto se acaba -- Manuel Velazquez Martín

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Fuente: Facebook
(Malq. 3-19-20)
(Lc. 21,5-19)
Al final del año y con el invierno encima, hoy se nos invita a reflexionar sobre el final de todo:
– del mundo,
– de la historia y
– de nuestra propia vida.

Jesús picapedrero predice la ruina del Templo de Jerusalén ante aquellos que se quedan extasiados con su belleza y su grandiosidad.
Y nos anuncia también la ruina de todos nuestros tinglados y estructuras de poder, que
– aunque parezcan muy firmes, – hagan mucho ruido o
– encandilen a mucha gente con su brillo… no tienen consistencia y por lo tanto, tienen sus días contados…

Así nos lo recuerda el profeta Malaquias cuando afirma que
de las obras de los malvados no quedará «ni rama ni raíz».
Y el mismo Jesús, que ante la gente embobada que contempla las cúpulas del Templo, nos dice que no va quedar de él «piedra sobre piedra»… es decir, nada.

Lo mismo que ocurrirá con todas nuestras obras, lujosas, suntuosas, injustas o violentas… que no podrán resistir la prueba ni la criba del tiempo y todo sucumbirá.
Entonces ¿qué será de nosotros? ¿qué quedará en esta historia convulsa de nuestro mundo,
– de nuestra vida y
– de nuestras obras?
Sólo quedarán nuestras obras de amor.

Sólo permanecerán las cosas buenas y justas que seamos capaces de hacer, a pesar de los problemas, dificultades y persecuciones por las que tengamos que pasar… intentando ser fieles al mensaje liberador del evangelio.

Por esta razón, Jesús no montó ningún tinglado…
Él no construyó ningún templo… ni siquiera una humilde capilla… simplemente «pasó haciendo el bien» y atendiendo a la gente, fuera de horario y de reglamento.
Motivo por el cual, posiblemente hoy no serviría para ocupar un cargo de responsabilidad en nuestra Iglesia.

Y es que nosotros, con frecuencia, estamos muy ocupados en otras cosas…
¿Qué será entonces de nuestros monumentales templos construidos durante siglos?

¿Qué será de nuestras magníficas catedrales y basílicas publicitadas en las agencias de viajes y en las guías turísticas de todo el mundo?
¿Qué será de nuestras gerarquias tan preparadas y tan entendidas en Derecho Canónico, que vaya usted a saber para que sirve a la hora de aliviar el dolor del mundo?

¿Qué será de ese cuerpo doctrinal tan elaborado por sesudos teólogos y tan lleno de enrevesados conceptos que nadie entiende como «unión hipostatica» o «transustanciacion»?
¿Qué será de tanto esplendor, tanta diplomacia, tanto boato y tanta parafernalia que nos envuelve?

Pues según el evangelio,
¡No quedará piedra sobre piedra!
Cómo todo lo que seguimos construyendo sobre
– nuestros orgullos,
– nuestras ambiciones
– nuestros sueños de grandeza,
– nuestras falsas seguridades y
– nuestros miedos.
Vivimos tiempos difíciles… es cierto.

Sin embargo, los tiempos difíciles no pueden ser tiempos de lamentos ni desalientos…
Tampoco tiempos de resignación ni de huida…
Al contrario, necesitamos mucha entereza para mantener el ánimo confiando en que Dios cuidará de nosotros y hará que no se pierda ni un solo cabello de nuestra cabeza, incluso cuando todo se nos ponga en contra.

También se nos advierte que tengamos cuidado con los falsos profetas que intentarán convencernos de que «las cosas se han hecho siempre así» y que «esto» o «aquello»
– de nuestro mundo o
– de nuestra Iglesia
no se puede cambiar…
¡No nos dejemos engañar! y renovemos, cada día, nuestra adhesión al proyecto liberador de Jesús picapedrero.
Solo nuestra perseverancia nos podrá salvar.
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