Reflexión y Liberación
Han pasado cinco años desde que el Papa Francisco, solitario, subía hacia la explanada de la basílica de San Pedro. Aquella tarde llovía.
La plaza estaba dramáticamente vacía, a pesar de que millones de personas en todo el mundo estaban sintonizadas con él, pegadas a sus pantallas de televisión, todavía encerradas en la larga cuarentena del aislamiento, temerosas del virus invisible que cobraba tantas víctimas llevándoselas en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales, sin que sus familiares pudieran verlas, saludarlas o siquiera celebrar el funeral. Ver noticia original en …

