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¿OTRA VEZ PEDERASTIA DEL CLERO? Xavier Pikaza

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Religión Digital

Los diversos medios de comunicación han vuelto a destacar el escándalo de la pederastia de algunos miembros del clero católico. El tema ha surgido en el discurso que el Papa, Benedicto XVI, ha dirigido a los representantes del episcopado de la República de Irlanda, en visita “ad límina” (Roma, el 27 de octubre del 2006). Que yo sepa, en estos momentos (primeras horas de la mañana del 28), el discurso de papa no ha sido publicado todavía íntegramente en los medios de comunicación de la Iglesia donde lo he buscado; por eso no puedo comentarlo íntegramente. Pero aparece en diversos periódicos y agencias de de prensa y así quiero evocarlo, como una noticia triste, pero que puede convertirse en la más consoladora de todas las posibles noticias de la iglesia.

Religiondigital 28. 10. 06

Afirma que “el papa Benedicto XVI pidió hoy que se respeten los principios de la justicia y se ayude a las víctimas en los casos de pederastia a manos de un religioso. Benedicto XVI explicó que los casos de abusos ‘son aún más trágicos cuando el culpable es un hombre de la iglesia’ e instó a que ‘los principios de justicia sean totalmente respetados y, por encima de todo, se de apoyo a las víctimas y a todos los que han resultado afectados por estos enormes crímenes’.En su mensaje a los obispos irlandeses, el Pontífice aconsejó que cuando se produzcan casos de religiosos ‘manchados del desgarrador acto de abusos sexuales de menores’, se esfuercen por ‘establecer la verdad de lo que ocurrió para adoptar cualquier medida sea necesaria y prevenir que esto se repita’.

La Razón y Aci 28.10. 06

Según el Papa, en los casos en que algún religioso sea culpable de actos de pedofilia «es necesario establecer la verdad de cuanto ha sucedido, con el fin de adoptar las medidas necesarias para prevenir la posibilidad de que los hechos se repitan, garantizar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, apoyar a las víctimas y a todos cuantos hayan sido golpeados por estos enormes crímenes». «Habéis tenido que hacer frente en los últimos años a muchos y terribles casos de abusos sexuales a menores», recordó el Pontífice.

«Estos abusos son todavía más trágicos cuando el que abusa es un sacerdote. Las heridas causadas por estos hechos actúan en profundidad y por tanto es urgente reconstruir la confianza y la seguridad allí donde han sido dañadas», afirmó, en clara referencia al daño que han producido a la Iglesia los últimos escándalos de pederastia entre los que se encuentra la publicación de un estremecedor informe sobre más de cien casos de abuso sexual de menores en la diócesis irlandesa de Ferns.

El Papa no olvidó mencionar durante su discurso la necesidad de vocaciones sacerdotales en un tiempo de crisis también para la Iglesia irlandesa e invitó al episcopado a transmitir un rostro distinto del cristianismo, para evitar que la Iglesia sea vista erróneamente como algo negativo en la sociedad…, para que no aparezca como una mera “colección de prohibiciones”.

Benedicto XVI explicó que «es importante esclarecer lo ocurrido en el pasado para adoptar las medidas que sean necesarias para evitar que suceda de nuevo, para asegurarse de que los principios de la justicia se respetan y, sobre todo, para proporcionar una curación a las víctimas y a todos los afectados por estos crímenes atroces». «De este modo, la Iglesia de Irlanda se fortalecerá», añadió.

Noticia triste, noticia consoladora

Ésta es la noticia más triste. He venido señalando en este blog la importancia de los niños para el evangelio de Jesús y en la vida de la iglesia. Allí donde se utiliza o destruye el amor de un niño se destruye el Reino de Dios, se niega el cristianismo. Por eso, cuando se dan estos casos, y se dan en el mismo entramado clerical, debe revisarse todo el sistema de gobierno actual de la iglesia. Un niño vale más que la jerarquía católica, no sólo de Irlanda, sino del mundo entero. Por eso, toda noticia de pederastia es triste, para Jesús, para la Iglesia, para el ser humano.

Ésta puede ser y es una noticia consoladora. No es que la jerarquía eclesial sea mala, sino todo lo contrario: la inmensa mayoría de los sacerdotes y religiosos/as de la iglesia católica han sido y siguen siendo personas admirables, de una entrega y amor superior, al servicio de los hombres. Me inclino una vez, admirado, gozoso, ante el trabajo y el buen ser de infinidad de presbíteros y obispos, de religiosas y religiosas, todos célibes, la mayoría buenos célibes, que han mantenido y mantienen vivo el fuego de la iglesia. Gracias a ellos soy lo que soy, somos los que somos, los cristianos.

Pero ésta debe ser una noticia de cambio. Han hecho una buena labor, pero, para hacerlo aún mejor en el futuro, tienen que cambiar las estructuras. Muchos piensan que el sistema en cuanto tal, vinculado a un tipo de poder y, de un modo muy particular con ciertas formas de soledad individual del celibato, haya desembocado en casos en los que algunos parece que no encuentran otra salida a su afecto que el mal afecto, el afecto robado, de los niños o de otras cosas menos dañiñas,pero más inútiles.

Por eso, una vez que se ha tocado fondo y que se sabe que las cosas no pueden seguir como estaban, con unos pequeños arreglos superficiales, es preciso buscar “soluciones de evangelio”, , con libertad evangélica, sin miedo, sabiendo que para «tenerlo todo» hay que dejar de tener todas las coas que tenemos (al menos en la forma en que las tenemos). Y a partir de aquí se puede dar la noticia más consoladora y exigente de esta mañana de domingo: hoy, con una iglesia en cambio, podemos volver al camino de Jesús, para encontrarnos con los «niños perdidos», es decir, para dar vida y esperanza, amor y trasparencia a los niños, sin utilizarlos para saciar nuestras carencias.

Ante todo transparencia. Estudio radical del tema

Evidentemente, hay que respetar el derecho a la intimidad y a la vida privada, en un mundo como el nuestro en el que todo tiende a venderse, hasta los detalles de alcoba matrimonial o no matrimonial. Pero, dicho eso, habrá que estudiar con toda precisión lo que está en el fondo de los casos de pederastia de los miembros de la “jerarquía” de la iglesia. Habrá que estudiar los casos generales de pederastia en una sociedad… y compararlos, rigurosamente, con los casos de pederastia del clero católico (y de otras confesiones cristianas).

Habrá casos patológicos, que son muy difíciles de evitar. Pero habrá también casos vinculados a la misma estructura social y afectiva de los clérigos, por sus especiales condiciones de trabajo y convivencia. Hay que estudiar las razones psicológicas y sociales, familiares y pastorales que han podido vincular la pederastia (heterosexual u homosexual) con el sacerdocio y la vida religiosa.

Posiblemente ha existido desde antiguo un riesgo de pederastia, pero que quizá se hallaba más “integrado” dentro de las condiciones sociales y culturales del mundo. Recordemos los diversos tipos de pederastia cultural, educativa e incluso sagrada de Grecia. Pero, en la actualidad, las condiciones personales y sociales han cambiado mucho, generando riesgos que antes no existían (o que permanecían ocultos, dentro de una cultura jerárquica total, donde los inferiores apenas podían elevarse contra los superiores, pues no tenían libertad ni “conciencia” para ello).

Por otra parte, es muy posible que el perfil de los sacerdotes y religiosos haya cambiado en los últimos cincuenta años, de manera que la vinculación entre el celibato y un tipo de poder social y de servicio evangélico es hoy muy distinta que haya cien años, por poner una fecha. Un celibato que quizá en otro tiempo era muy evangélico (pues estaba vinculado con estructuras sagradas de poder y de cultura personal)… tiene en la actualidad otro sentido. Ya no hace falta mantener el celibato para defender las estructuras sociales de la Iglesia… Además, el despliegue del amor evangélico puede expresarse de otras formas, sin perder su radicalidad.

No tener miedo. Un camino abierto

En este contexto, ante todo, lo más importante, es no tener miedo. Hace años, el libro de C. WESTERMANN, sobre los Clérigos causó estupor en ciertos círculos católicos y culturales. Es muy posible que algunos de sus presupuestos psicológicos y de sus análisis sociales no fueran exactos. Pero es evidente que planteaba un problema que fue silenciado por parte de la jerarquía, quizá por miedo. Pues bien, el estudio de los temas debe seguir, sin miedo alguno, para bien de los niños (¡ante todo para que no haya pederastia clerical!), pero también para bien de la iglesia: que ella pueda presentarse clara (si no limpia), clara porque no teme a la verdad, clara porque quiere seguir fiel al evangelio.

No tener miedo al evangelio significa estar dispuestos a cambiar, si hace falta, gran parte de las cosas y funciones de la estructura jerárquica de la iglesia y de la misma vida personal de sus ministros. No basta con decir “son unos pocos casos”, añadiendo que la inmensa mayoría de la gente (sacerdotes, religiosos) es muy buena…. Ya sé que la inmensa, inmensa, mayoría de los clérigos y religiosos son (somos) gente buena. Pero basta un caso para que “la ley” pierda sentido, un solo caso, como saben bien los científicos.

A Einstein le bastaba un caso en que las leyes de Newton no se cumplían para poner en interrogación todo el sistema de su física. Basta un caso de pederastia vinculado al sistema clerical…. y aquí tenemos muchos casos. Es muy posible que el sistema deba cambiar. No cesará el celibato de muchos cristianos, tendrá que cesar su forma actual, su manera de vincularse con la administración de la iglesia.

No conozco la solución, pero sé que es preciso actuar

Ciertamente, como muchos de los que venimos del mundo clerical, conozco varios casos, pues he sido cocinero antes que fraile. Casos de conciencia, casos que han rozado mi pequeña vida. He hecho lo que he podido, con temor y temblor, con cariño, con justicia. Pero sé que no bastan las respuestas personales. Hay que tener una visión de conjunto de los casos, en países y países, en circunstancias y circunstancias. Sólo después, conociendo el fondo psicológico y social, personal y cultural, económico y familiar, del tema se puede dar una respuesta, que podrá ser distinta en los diversos países, pues Irlanda no es Etiopía, ni el Congo es Argentina.

Es curioso advertir que los mayores casos de pederastia se han dado en iglesias ricas y tradicionales, como son las de USA o Irlanda, por poner dos casos bien conocidos. Pero el tema de la vida afectiva del clero es importante, de formas distintas, en casi todos los países de la cristiandad. Es muy posible que haya que cambiar, inmediatamente, la ley del celibato. Pero con eso no basta, hay que cambiar muchas más cosas, desde el evangelio. El mero cambio de la ley del celibato no arreglaría en principio casi nada, si no cambia el tipo de estructura clerical del conjunto de la iglesia.

Pero dejemos el tema general, volvamos al motivo de esta reflexión dominguera: las palabras de Benedicto XVI sobre la pederastia en la Iglesia. Evidentemente, hay un “lado civil”, que debe quedar en manos de la justicia, sin más, pues los miembros del clero siguen siendo ciudadanos (con los deberes y deberes que ello implica). Pero, desde mi perspectiva actual, me parece más urgente “el lado cristiano” del tema, para bien de los clérigos (¡que acabe su forma de ser actual con dignidad), para bien de la iglesia y, en el fondo, para bien de la misma vida humana. Será necesario que se revisen actitudes y formas de vida clerical, desde el evangelio. Es muy posible que el modelo externo de clero no responda ya, ni al impulso del mensaje de Jesús ni a las formas de vida afectiva y familiar, social y cultural de nuestro mundo.

Ciertamente, la mayoría de los clérigos, religiosos y religiosas, llevan una vida admirable. Precisamente por eso da más pena el tema, pues sucede que su impulso personal y pastoral puede estar a veces enturbiado por razones del sistema. Habrá que cambiar muchas cosas… No hace falta que sea hoy, pero hay que empezar, pues pian piano se va lontano. Todo esto habrá que estudiarlo sin miedo, proponiendo cambios que pueden ser dolorosos, pero que abrirán caminos de evangelio

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