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¡Y LA VIDA INUNDÓ LAS CASAS!

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Así de simple y de real, sin discursos ni elucubraciones, la vida se extendió, en un abrir y cerrar de ojos, en el lugar que los hermanos maristas de las comunidades de Bucarest habían soñado y preparado para niños y niñas sin hogar.

Los que hemos vivido todo el proceso desde aquí, estamos viviendo en una nube, sencillamente nos parece increíble. Y claro aunque hemos tenido momentos duros, ya sabes las dudas, los retrasos, los cambios de ultima hora (por otra parte tan habituales en estas tierras y a los que no terminamos de acostumbrarnos) también hemos tenido momentos memorables, y uno de ellos han sido estos últimos días con nuestros ocho niños de casa. Todo el día soñando en voz alta con las nuevas casas, todo el día divagando sobre el futuro en las casas, cualquier momento y cualquier circunstancia era bueno para expresar el deseo de “cambiar a Militarii”. Y como no podía ser de otra manera, ese día llegó y fue el día 13 de julio. A eso de las cuatro de la tarde llegaron los ocho magníficos, y aunque ya conocían las casas, porque las habían visto durante el año, sus caras eran un poema, sus ojos expresaban emoción incontenible, sus palabras eran exultantes de alegría, cada rincón descubierto era una exclamación, y por cierto no era ningún “injuro”. Estar presente en ese momento ha sido todo un regalo que hemos recibido. Fueron dueños y señores de las casas durante 24 horas.

El viernes día 14 de julio (el que sea el aniversario de la Revolución Francesa no quiere decir nada) llegaron 10 niñas que empezaban así su proceso educativo con nosotros. Son niñas que viven sin familia en una de tantas residencias para menores que hay en Rumania. Tienen entre 8 y 13 años viven y han vivido el abandono, la falta de referencias y vinculaciones… Han seguido itinerarios muy semejantes a los que han seguido hasta la fecha nuestros chicos. Sus nombres son: Estefanía, Mariana, Madalina, Magdalena, Natalia, Oana, Ramona.

Y el lunes día 17 de julio llegaran 8 chicos y chicas de otra residencia para menores distinta. De estos en otra ocasión te hablaré.

Lo que sí te puedo decir es que los niños y niñas que hoy están con nosotros, 18 en total, han mostrado en sus rostros la misma emoción, la misma sonrisa, la misma sorpresa ante cada nuevo descubrimiento. Para ellas y ellos todo era “nuevo” todo era novedad. Eran nuevos: los platos, las mesas, los cubiertos, las camas, las casas, el barrio, las relaciones con personas de la misma edad pero de distinto sexo, eran nuevos las compañeras y los compañeros y también las educadoras y los educadores… era nueva la ilusión que brillaba en sus ojos, era nuevo el deseo de un futuro más esperanzador y más digno.

Para concluir, sin afán de hacer memoria de todos los esfuerzos y de todas las energías que se han empleado en hacer realidad este sueño, quiero poner NOMBRES de personas y de instituciones que han dado su mano para ayudarnos en la realización de este sueño. Son, o mejor dicho, sois muchos los que habéis estado junto a nosotros, los que habéis soñado con nosotros, los que en alguna medida habéis contribuido a que todo esto se hiciera realidad. Se ha demostrado una vez más la vigencia de la frase de Hélder Camara: “Cuando uno tiene un sueño, no es más que un sueño, pero si muchos sueñan los mismo es una realidad”. Partiendo de este reconocimiento hacia todos y todas quiero nombrar:
• al Provincial y su Consejo por su apoyo incondicional y por el cariño con el que han acogido y han impulsado este sueño,
• a Cáritas Voralberg de Austria, no sólo por la aportación económica, sino porque juntos hemos ido haciendo realidad el sueño,
• a FERE porque creísteis en nuestro sueño y nos buscasteis la colaboración de CAJA ESPAÑA,
• a los Señores Machedon (amigos, más que arquitectos) habéis hecho realidad en el diseño de las casas el deseo de que los niños y las niñas tengan un hogar,
• y por personalizar a nuestras dos comunidades de Bucarest escribo los nombres de Luis y de Fernando, fuisteis nombrados responsables de la realización del proyecto; cuando se empezaba a “cimentar el sueño” tuviste que irte Luis, pero somos conscientes y reconocemos que has seguido entre nosotros. Y a ti Fernando que decirte: ¡GRACIAS! Te has dedicado con toda tu alma, has mostrado tu cariño a los hermanos y a los futuros moradores de las casas. Es una suerte tenerte de hermano, es una suerte compartir sueños contigo.

Y después de este agradecimiento me permito formular un deseo: “que todo esto sirva para que estos chicos y chicas sientan y experimenten en sus jóvenes vidas lo mucho que Dios les ama”.

Con cariño, desde Bucarest,
Juan Carlos

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