Navidad, el diálogo de Dios

0
383

 

La palabra polarización seguro que está entre las más utilizadas en España desde hace algún tiempo y sin duda refleja bien cómo es el debate político del país en este último periodo legislativo. Lo dicen muchos: las posturas moderadas son una excepción y los acuerdos pocos y, por el contrario, se ven con demasiada frecuencia salidas de tono inimaginables en el pasado, tanto en dichos como en hechos, y una intolerancia que a veces llega al mutuo desprecio. Polarización hay también entre periodistas o politólogos, que cuando hacen sus análisis sobre los hechos de cada día se percibe muy claramente el color de sus gafas. De antemano ya sabemos lo que casi todos van a decir. Polarización se ve en los jueces: ya llegan a las instituciones judiciales vestidos de etiqueta partidista.

Enfrentamientos que tensionan las relaciones los hay en la Iglesia entre conservadores y progresistas, pero en la raíz de casi todos ellos está el clericalismo: las mujeres reivindican un trato igualitario al hombre (diaconado, sacerdocio, etc.), se quejan de maltrato de la mentalidad patriarcal; los seglares -hombres y mujeres- piden que el ejercicio de la autoridad administrativa en la Iglesia no esté reservada a los sacerdotes en ninguno de los niveles eclesiásticos (parroquia, diócesis, Iglesia universal). Se producen tensiones al pedir un modo distinto de entender la autoridad, la sexualidad, el celibato opcional, etc. Unos piden volver al Evangelio, pero los otros ven en ello una traición a la Tradición.

Este es parte del contexto social y eclesial en el que nos llega la Navidad de 2025, la palabra de Dios hoy. Creo que lo primero que me he de preguntar es sobre lo que hay en mí de polarización, si me he dejado atrapar por la ideología frentista y excluyente, he de ver si me he creado fronteras tras las que situarme. También he de hacer atención a mi escucha de la diversidad dentro de la Iglesia. La reflexión cristiana impregnada de espiritualidad evangélica tiene que orientar todo nuestro ser: modo de sentir, pensar y hacer, para que la Navidad Dios entre en nuestra vida.

La Navidad en cuanto Encarnación de Dios en Jesús de Nazaret ha sido siempre parte esencial del simbolismo cristiano. La Navidad, la histórica y la de cada año, es un momento decisivo del diálogo de Dios con el ser humano. A un Dios así, corresponde un creyente sin líneas rojas, sin fronteras. La Navidad nos invita a un diálogo tan abierto.

El diálogo de la Navidad siempre se ha interpretado en términos de amor humilde, sin pompa, sin poder, cercano, accesible, vulnerable. Luego veremos también que la vida y doctrina del nacido en Belén será propositiva e inclusiva, con un corazón abierto a todos. El dogmatismo de la Iglesia, el rigorismo moral, el control del pensamiento y de los comportamientos, las formas ostentosas y el autoritarismo… contradice el mensaje de la Navidad. El rechazo de los inmigrantes contradice a Dios, es una blasfemia.

La Navidad nos ofrece a un Jesús que nace para restablecer relaciones rotas o revitalizar las debilitadas, diríamos que hoy nos nace para derrumbar los muros de separación que las desigualdades polarizadas han creado: el de la pobreza, el de la raza, el de la religión, el nacionalismo… La comunidad cristiana, el discípulo de Jesús, esté donde esté, debe ser voz que apacigüe, que reconcilie, que una en la búsqueda de la verdad del Dios que es amor, aquella en la que todos podemos convivir. La espiritualidad de la Encarnación desarma las posturas polarizadas.

NAVIDAD 2025, José María Álvarez Rodríguez (miembro de los grupos de Redes Cristianas en Asturias)