EL DESAFÍO REAL DE “DILEXI TE”. Entre el Grito y el Silencio

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El Papa León XIV ha lanzado al mundo su primer gran documento, Dilexi te, con la fuerza de un manifiesto. En un contexto de abismos sociales, guerras y deshumanización, su mensaje es una bofetada de claridad profética: los pobres no son un apéndice de la caridad, sino el corazón del Evangelio y el termómetro de la salud moral de nuestra época. Denuncia, con palabras que queman, una economía sin rostro y estructuras de pecado que excluyen. Desde Redes Cristianas aplaudimos sin reservas este grito. Pero nos preguntamos, a su vez, por los caminos de su materialización. Y aquí es donde la exhortación enfrenta sus tres grandes pruebas.

Primera prueba: La coherencia institucional. La brecha entre un discurso radical y una estructura milenaria es el primer desafío. ¿Cómo resonará este llamado en las curias (en la misma vaticana), en las diócesis con patrimonios inmobiliarios —algunos inmatriculados— en un clericalismo a veces anclado en privilegios? El riesgo es la esquizofrenia: un lenguaje incendiario para un mundo que se apaga en la rutina interna. Sin una conversión tangible de las propias formas de poder y posesión eclesiales, el texto podría quedar como un monumento literario, magnífico e ineficaz.

Segunda prueba: La instrumentalización ideológica. En nuestro campo de batalla político, cada palabra es un arma. Ya podemos ver cómo algunos celebrarán el documento como una condena al “capitalismo” para usarlo como eslogan, vaciándolo de su profunda raíz espiritual. Otros, desde posiciones conservadoras, lo acusarán de ingenuo o “politizado”, intentando arrinconarlo. Dilexi te, a nuestro juicio, trasciende esa dualidad tóxica, pero deberá nadar contra la corriente para no naufragar.

Tercera prueba: La batalla interna. Este no es un mensaje unánime. Profundiza la línea de Francisco, sí, pero una parte significativa de la base católica y de su jerarquía mira con recelo este énfasis, prefiriendo una agenda centrada en la moral personal o la identidad. La exhortación, por tanto, es también un acto de gobierno interno, una apuesta por definir el rumbo. Su éxito dependerá de si logra movilizar a las comunidades más allá del papel.

En conclusión, más allá del grito, el valor de Dilexi te es incuestionable. Coloca un espejo implacable ante la sociedad y ante la propia Iglesia. Pero su verdadero juicio no será teológico, sino histórico: ¿Logrará agrietar inercias? ¿Inspirará no sólo gestos, sino cambios estructurales creíbles dentro y fuera de los muros vaticanos? El Papa ha trazado un mapa. Ahora toca caminar. Y ese camino, empedrado de resistencias y contradicciones, es donde se decidirá si fue una profecía incómoda e ineficaz o, finalmente, un hito que señala un cambio de ruta. La Iglesia, y todxs nosotrxs, estamos en ese cruce.