Frágil reducción de la desigualdad de la riqueza en los últimos años

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Con su retraso habitual, el Banco de España ha publicado en 2026 la novena Encuesta Financiera de las Familias (EFF), correspondiente a 2024. Esta encuesta es la principal fuente para conocer el reparto de la riqueza entre los hogares españoles, un asunto clave para valorar la equidad o inequidad de la política económica que apenas aparece en el debate público. Pues bien, una visión de conjunto de dichas encuestas ofrece dos principales conclusiones: la brecha de riqueza es enorme pero se ha reducido en los últimos años.

Si comparamos en euros constantes el patrimonio medio de la mitad más rica de España y de la mitad más pobre, la brecha o ratio de desigualdad entre ambos grupos casi se ha doblado desde la primera aplicación de la EFF en 2002 (431.000€/66.000€=5,6) a la última de 2024 (656.000€/53.000€=12). Dicho de otro modo, mientras la mitad más rica de España ha incrementado su patrimonio un 47%, la más pobre lo ha reducido un 19%. La brecha ha sido mayor si comparamos el 10% más rico de hogares y la mitad más pobre (ratios de 15,9 y 34,4 en los dos años de referencia) y mucho más entre el 1% más rico y la mitad más pobre (de 52,3 a 126,3). El balance global, por tanto, es negativo: las familias ricas son cada vez más ricas y las pobres más pobres. En especial, contrasta la evolución patrimonial entre la cuarta parte de hogares más ricos, que ha crecido un 58%, y la cuarta parte más pobre, que han reducido su riqueza un 73%.

En este contexto tiene especial interés constatar que la brecha de la riqueza ha remitido en las últimas EFF coincidiendo con el gobierno de coalición de izquierdas, en contraste con lo ocurrido en la anterior etapa del Partido Popular, entre 2011 y 2017, que supuso un crecimiento de la brecha del 66% (la ratio entre los patrimonios de la mitad de España más rica y la más pobre pasó de 7,9 a 13,1). En cambio, entre 2020 y 2024, la brecha entre las dos Españas ha remitido un 9% (de 13,2 a 12). A la política de austeridad del PP, que restringió el empleo y los derechos sociales en benefició a la clase empresarial y financiera, siguió una política más favorable a las clases trabajadoras: crecimiento y estabilidad del empleo, subidas del salario mínimo, ERTEs y ayudas a autónomos en los años de pandemia, freno a los desahucios sin alternativa habitacional, ampliación de prestaciones a colectivos en situación de mayor necesidad, etc. Unas avances limitados y sobre todo frágiles ante la previsión de una victoria de las derechas en las próximas elecciones generales.

Las desigualdades de renta (ingresos anuales por hogar), aún siendo elevadas, son menores que las de patrimonio y se han mantenido bastante constantes a lo largo del tiempo. Sorprende, no obstante, que la quinta parte de hogares con menos renta haya incrementado sus ingresos entre las EFF de 2020 y 2024 a un ritmo muy superior (+15%) que el 10% de hogares con más renta (+2%), mientras el patrimonio de los primeros se ha reducido un 17% y el segundo grupo lo ha aumentado un 11%. Dos causas explican esta aparente contradicción: por una parte, la masa salarial ha crecido en estos años un 14%, debido sobre todo a un incremento de 1,6 millones de personas asalariadas y en menor medida al aumento del salario medio (+2,4%, siempre en euros constantes); por otra parte, las casas en propiedad del cuartil de hogares más pobres han pasado del 26% al 15,5%, en dos tercios de los casos con hipoteca pendiente (mediana de 85.000€), con lo que ello implica de reducción patrimonial y endeudamiento, además del pago de alquileres de la mayoría a los hogares más ricos que incrementan por esa vía sus ingresos y su patrimonio.

Asistimos a una mejora relativa de la desigualdad y de las condiciones laborales y sociales de la mayoría social gracias a las políticas aplicadas por el gobierno de coalición, pero ello no impide que la estructura económica de fondo siga vigente, con un capitalismo rampante, nacional e internacional, que amplía sus beneficios de forma piramidal y mantiene a raya el salario medio de la clase trabajadora.

Sobran argumentos, éticos y evangélicos, para cuestionar la desigualdad que concentra la riqueza en pocas manos y promover políticas que favorezcan el reparto de la renta y la riqueza. Tenemos que reaccionar.