DESARMAR LAS PALABRAS, DESARMAR LOS PRIVILEGIOS

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Cuando el insulto sustituye al diálogo: Manifiesto de Redes Cristianas ante las declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal Española

Las recientes declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal Española, calificando al Gobierno de España como una «banda de ladrones», nos producen un profundo escándalo y una honda preocupación. No porque la Iglesia deba renunciar a expresar su opinión sobre la vida pública, sino porque el insulto nunca puede sustituir al discernimiento ni al diálogo.

Las relaciones entre las instituciones en una sociedad democrática deben construirse siempre desde el respeto. Quien preside la Conferencia Episcopal no habla solo en nombre propio: representa públicamente a una Iglesia llamada a ser fermento y lugar de fraternidad y reconciliación, no de polarización.

Nos duele que una parte de la jerarquía española, designada mediante procedimientos ajenos a toda participación democrática del Pueblo de Dios, aparezca con demasiada frecuencia alineada con los sectores más reaccionarios de la sociedad, cuestionando avances democráticos y alimentando la confrontación política.

La autoridad moral exige también coherencia. Mientras se lanzan graves acusaciones contra las instituciones democráticas, la Iglesia católica española sigue disfrutando de importantes privilegios históricos que contradicen el principio de igualdad. Entre ellos, el escándalo de las inmatriculaciones de miles de bienes al amparo de una legislación heredada del franquismo, que otorgó a los obispos prerrogativas excepcionales de las que ningún otro ciudadano o institución disponía. Quien reclama ejemplaridad debería empezar por revisar sus propios privilegios.

Conviene recordar, además, el contexto en el que monseñor Argüello pronunció esas descalificaciones. Lo hizo a propósito de la prohibición de las llamadas terapias de conversión dirigidas a personas homosexuales. Una vez más, asistimos a la posición de un sector de la jerarquía católica que desoye el consenso científico —expresado, entre otros documentos, en la declaración de la Asociación Mundial de Psiquiatría de 2016— y mantiene planteamientos que suponen una grave discriminación hacia las personas LGTBQ. Ese contexto hace aún más preocupante el tono empleado y la descalificación de las instituciones democráticas.

Sin embargo, no confundimos la jerarquía con la Iglesia. La Iglesia son principalmente miles de comunidades, religiosas y religiosos, sacerdotes y laicos que viven el Evangelio desde el servicio a las personas empobrecidas, migrantes, enfermas y excluidas. Esa Iglesia humilde y servidora merece más respeto por parte de sus jerarcas y nuestro reconocimiento y nuestra esperanza.

El Evangelio nunca exige privilegios ni poder. Jesús de Nazaret no los exigió para imponer su verdad ni buscó el respaldo de los poderosos. Su autoridad nacía de la misericordia, la justicia y el servicio.

Por eso hacemos nuestra la llamada del papa León XIV a «desarmar las palabras». Pero también creemos necesario desarmar los privilegios, renunciar a toda pretensión de superioridad moral y volver al Evangelio desnudo de poder.

Desde Redes Cristianas pedimos a la Conferencia Episcopal que abandone el lenguaje de la confrontación y recupere la palabra humilde que escucha, dialoga y construye humanidad. Solo así la Iglesia podrá ser una buena noticia para nuestro tiempo.