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PALESTINA: UN SUFRIMIENTO QUE NO PUEDE SER OLVIDADO
Sres. Cardenales, Arzobispos y Obispos miembros de la Conferencia Episcopal Española:
Ante el acontecimiento, ya cercano, del viaje apostólico del Santo Padre León XIV a España, en nombre de los sacerdotes, obispos y cardenales del área de España y América Latina que han firmado el documento fundacional de la Red Internacional de Sacerdotes contra el Genocidio ?en total, más de 2.200 sacerdotes, 25 obispos y 2 cardenales, en 58 países? les dirigi-
mos esta carta con respeto filial, franqueza evangélica y profundo amor por la Iglesia.
Durante la noche del 18 al 19 de mayo de 2026, la armada israelí abordó por la fuerza al menos 22 embarcaciones de la Flotilla Global Sumud en aguas internacionales, a cientos de millas de la costa de Gaza adonde se dirigían pacíficamente. A bordo viajaban voluntarios desarmados ?médicos, enfermeros y enfermeras, activistas y civiles? que transportaban ayuda humanitaria a una población bajo cruel asedio. Entre los detenidos se encontraban más de 40 ciudadanos españoles.
Tras el asalto armado, los activistas fueron maniatados, secuestrados y
trasladados a tierras de Israel, y permanecieron más de 40 horas sobre suelos inundados.
Tuvieron que sufrir malos tratos, agresiones y todo tipo de vejaciones, culminando con la actuación inícua de un ministro del gobierno de Israel, que ha sido ampliamente difundida por las redes sociales en todo el mundo, provocando una reacción oficial indignada de muchos gobiernos, incluido el de España, y un clamor popular en contra en muchas de nuestras sociedades.
Posteriormente han sido expulsados por Israel sin cargos formales, y los españoles han llegado, por fin, a nuestro País. Varios de ellos han precisado asistencia médica, con la sospecha de que hayan sufrido torturas en Israel. Pero su llegada se ha visto ensombrecida, en el aeropuerto de Loiu, en Bilbao, por la actuación inexplicablemente violenta de la policía
autonómica del País Vasco. En este momento les escribimos.
Y lo hacemos para compartir una herida que nos duele profundamente. Les escribimos porque el sufrimiento de Gaza, Cisjordania, Líbano y toda la Tierra Santa ya no nos deja dormir tranquilos. Les escribimos para que muchos sacerdotes, comunidades, religiosos y religiosas, hombres y mujeres, laicos e incluso obispos no se sientan solos en la tarea cada vez más ur-
gente de concienciar sobre lo que le está sucediendo al pueblo palestino, que no asumimos que pueda caer en el olvido.
Ante todo, queremos expresar nuestro apoyo al Papa León XIV, quien, cuando fue acusado de poner en peligro la seguridad mundial al predicar la paz, respondió con una sola palabra:
«Avanzo». Y nosotros también avanzamos, con él y tras él, por una paz «desarmada, es decir, que no se funda en el miedo, las amenazas ni los armamentos; y desarmante, porque es capaz de resolver conflictos, abrir corazones y generar confianza, empatía y esperanza» (Camerún, 15 de
abril de 2026). Valoramos enormemente su valiente toma de postura ante este problema, tantas veces reiterada, a favor del alcance del fin de las agresiones y la consecución de una paz justa y duradera con pleno respeto del derecho internacional, y queremos secundarla.
Deseamos, asimismo, expresar nuestro pleno apoyo, con afecto y admiración, al Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén: un pastor que no ha optado por la distancia, sino que permanece en medio del fuego, testigo y voz de un pueblo que sufre.
Sabemos bien que muchos obispos, sacerdotes y comunidades en nuestros países están orando, hablando, recaudando fondos, promoviendo encuentros, apoyando a la población civil palestina, buscando tender puentes donde otros levantan muros. Por esto damos gracias al Señor. Pero también sentimos que el tiempo actual exige dar un paso más.
Las Iglesias de Palestina, a través de la iniciativa Kairós Palestina, llevan años haciéndonos un llamamiento que hoy llega con más fuerza todavía: no podemos permanecer neutrales ante tamaña injusticia. De manera particular, resuenan las súplicas de auxilio venidas de Taybeh,
un pequeño pueblo totalmente cristiano, el único en el corazón de la Cisjordania ocupada, cuyo párroco, el P. Bashar Fawadleh, no cesa de apelar dramáticamente a la solidaridad de las Iglesias del mundo para que se evite la desaparición, que ya se antoja inminente, de su comunidad por la presión de los colonos judíos que la circundan, atacan y asfixian violentamente
y la usurpación totalmente ilegal de sus tierras, casas y propiedades.
No podemos refugiarnos en una falsa equidistancia cuando un pueblo está siendo oprimido y destruido.
Porque, en ciertos momentos de la historia, ser «equidistante» corre el riesgo de significar simplemente mantenerse alejados de quienes sufren. Y precisamente por eso y por amor a la Iglesia, les pedimos encarecidamente: ¡ayúdennos a no quedarnos sólo en palabras!
Seguimos teniendo un profundo aprecio por la tradición judía, de la cual recibimos las enseñanzas y el ejemplo de Jesús, y rechazamos toda forma de antisemitismo. Tampoco se trata de odio hacia el pueblo israelí. Sin embargo, condenamos enérgicamente al liderazgo político de Israel y aquellas decisiones militares, económicas y diplomáticas de ese gobierno que están
generando muerte, heridos, hambre, expulsiones, desplazamientos forzados y desesperación por sus ataques que no cesan, pese a la tregua supuestamente en vigor desde hace meses y que Israel viola insistentemente.
Partiendo de esta premisa, les presentamos nuestras peticiones. Solicitamos que la Conferencia Episcopal Española, los obispos y los pastores de todas las comunidades insten con mayor claridad a la sociedad civil y al Gobierno español para que las declaraciones de preocupación, los llamamientos a un alto el fuego y las palabras de apoyo se traduzcan finalmente en acciones concretas. Apreciamos, en ese sentido, las significativas tomas de posición del Gobierno de España.
Las ambigüedades de los gobiernos, las instituciones e incluso, a veces,
de algunas comunidades cristianas, corren el riesgo de convertirse en complicidad.
Entre las acciones concretas a realizar, creemos necesario señalar con claridad el boicot selectivo, la desinversión, las sanciones y el embargo militar y económico contra todo aquello que apoye directa o indirectamente la ocupación, la colonización, el apartheid, el asedio, el hambre instrumentalizada, la destrucción sistemática y la violencia contra la población civil: en definitiva, la destrucción de Gaza y la violencia institucionalizada contra los palestinos.
Lo que está ocurriendo en Gaza, Cisjordania y Líbano no es simplemente una de tantas guerras, entre las recordadas y las olvidadas. Es una herida espiritual que recorre el cuerpo de la humanidad.
La Iglesia debe proclamar el Evangelio de la paz. Por ello, les pedimos que la Conferencia Episcopal Española eleve una voz más clara, más profética y más concreta. Una voz que exija un alto el fuego inmediato, real y permanente. Una voz que exija el fin del bloqueo de Gaza y la entrada libre y segura de ayuda humanitaria suficiente. Una voz que exija el pleno recono-
cimiento de los derechos del pueblo palestino.
Una palabra que inste al Gobierno español a poner fin a toda complicidad militar, económica y diplomática con las políticas de Israel. Un
mensaje que anime a las comunidades cristianas a discernir y propugnar formas concretas de presión no violenta: boicots selectivos, desinversión, sanciones, educación para la paz, información gratuita, apoyo a los cristianos palestinos y a todos los trabajadores por la justicia.
No les pedimos un mensaje partidista: les pedimos un mensaje evangélico, porque el Evangelio nunca es neutral ante la víctima. Les escribimos con el corazón afligido, pero no sin esperanza. Seguimos creyendo que la Iglesia española puede ayudar a nuestro país a recuperar su conciencia. Creemos que nuestros obispos pueden apoyar a los muchos sacerdotes y comunidades que ya están actuando.
Creemos que una palabra clara de la Conferencia
puede ser un consuelo para quienes están solos, una luz para quienes están confundidos, una fortaleza para quienes tienen miedo, un estímulo para quienes gobiernan.
En comunión con ustedes, pero también con la libertad de los hijos de Dios, les pedimos que la Iglesia española no pierda este kairós, tiempo y oportunidad de salvación. Es tiempo de orar, es tiempo de hablar, es tiempo de actuar. Es tiempo de estar al lado del pueblo que sufre.
Con respeto, gratitud y fraternidad.
24 de Mayo de 2026.
Red Internacional «Sacerdotes contra el Genocidio»
Sección de España y América Latina
Contacto de prensa: redsacerdotes@gmail.com

