Bajo el lema: «25 años de Laicismo y Por la libertad de conciencia», la Asociación EUROPA LAICA, celebra su II Congreso en ALMAGRO (Ciudad Real). Según anuncia, dicha Asociación se propone repensar sus fines y prioridades, tras un cuarto de siglo de trabajo continuado en defensa de un Estado laico, de la libertad de conciencia y de los principios y valores republicanos de convivencia democrática, y ello bajo una triple perspectiva:
* Programática, actualizando sus fines y objetivos,
reforzando su papel como referencia del movimiento
laicista.
* Organizativa, fortaleciendo la estructura interna de
Europa Laica, su Carta Programática y sus
Estatutos y, en tercer lugar,
* De Movimiento, promoviendo alianzas estables con
otras organizaciones que trabajan por la laicidad y la
libertad de conciencia.
Y aquí es donde, con toda seguridad, cabemos los Cristianos que estamos agrupados en Redes Cristianas, cuya web anuncia también la celebración de este II Congreso. Pero ¿De veras?
A primera vista, parece contradictorio. Porque con razón se ha culpado a las Religiones en general y en especial a los Cristianos anglicanos, a los evangélicos y, sobre todo, a los católicos, de influir en los Estados para que en sus Constituciones fueran declaradas Religiones oficiales. Y, por tanto, ser contrarias a la libertad de practicar otra religión y contrarias también a la libertad de conciencia, estableciendo en la sociedad de modo impositivo su fe o sus creencias, sus ritos y prácticas religiosas. Así ha ocurrió en España y en la mayoría de las naciones europeas, en donde la Religión del Rey o Jefe de Estado era la religión de los ciudadanos. Y no hablemos de otras religiones, como la musulmana o la judía, en las que el Rey o Jefe de la nación, es también el Jefe religioso.
Todo esto es cierto y no es necesario recordar a la Inquisición. Sin embargo, el Cristianismo no fue siempre así. Los cristianos primitivos, de tiempos del Imperio romano, fueron los primeros que practicaron el derecho a la Libertad de Conciencia. Tanto en tiempos de Nerón y Domiciano, en el siglo I, como en el siglo III, durante el emperador Diocleciano, se opusieron y no reconocieron la divinidad del Emperador o de los numerosos dioses del panteón romano, por ser contrarias a su creencia en Dios Padre. Y defendieron esta libertad de conciencia, sellándola a veces con su muerte en las diversas persecuciones que sufrieron.
En Roma esta oposición o desprecio que mostraban a los dioses del Panteón romano o a la divinidad proclamada del Emperador, se consideraba una «impietas» o impiedad, porque suponía negar el fundamento de la propia sociedad romana, que se fundaba en tales prácticas, semejante a lo que hoy ocurre cuando el Estado reconoce a un religión como su «religión oficial«. Por ello, los cristianos primitivos son ejecutados en el Circo romano por el «crimen de ateísmo». Daniel Ruiz Bueno nos trae el testimonio del historiador romano Dion Casio del martirio de los cristianos Flavio Clemente y su mujer Flavia Domitila: «En el mismo año (95 d.C.) -dice- mandó matar Domiciano, entre otros muchos, a Flavio Clemente, que ejercía el consulado, a pesar de ser primo suyo y estar casado con Flavia Domitila, parienta suya también. A los dos se los acusaba de «ateísmo», crimen por el que fueron condenados también otros muchos, que se habían pasado a las costumbres de los judíos» (1).
Pero esta práctica cristiana de libertad de conciencia frente a la religión del Estado romano duró poco, pues en el año 380, el Emperador Teodosio promulgó el Edicto de Tesalónica (Wikipedia) estableciendo a la fe cristiana como religión oficial y única del Imperio romano. Aunque por este Edicto no se prohibían otras religiones, sino profesar otras creencias cristianas diversas de las del Emperador, con el tiempo se estableció una unión entre el Estado y la Iglesia, semejante a la práctica del Imperio romano, según el dicho: «cuius regio, eius religio: la religión de una región o de la nación es la del que gobierna», la del Rey o la del Emperador. Y el Papa se creyó con derecho a intervenir en la elección y deposición de Reyes y emperadores, recibiendo favores y privilegios en asuntos temporales, por parte del Estado. Este maridaje entre el Estado y la Iglesia católica, como en otras confesiones cristianas, ha permanecido, con mayor o menor intensidad, hasta nuestros días, como sabemos.
Una prueba de ello en nuestro país es el Acuerdo o Concordato firmado en enero de 1979 entre el Estado español y la Santa Sede, con sus privilegios y exenciones concedidas a la jerarquía de la Iglesia española, junto al expolio de los numerosos bienes inmatriculados por la misma Iglesia, entre ellos la Mezquita omeya de Córdoba, el Patio de los Naranjos y la Giralda almohade de Sevilla, las Iglesias mudéjares de Aragón, el arte prerrománico asturiano, los bienes comunales de Navarra etc., etc. Otra prueba será el discurso u homilía que pronuncie el Papa León XIV, como un Jefe de Estado ante el Parlamento español.
Ante todo esto, nosotros los cristianos que estamos agrupados en Redes Cristianas denunciamos este maridaje de la Iglesia católica y el Estado español, que da la espalda al proceder del cristianismo primitivo, reproduciendo al imperio romano al identificar lo divino, al Dios que sirve, con la representación humana del Papa y de la jerarquía que gobierna a la misma Iglesia. Y esto es volver al imperio romano, pero practicando lo contrario de lo que hicieron los primeros cristianos. En cambio, los ateos, agnósticos y creyentes, que nos oponemos a ese maridaje e identificación y apostamos por la libertad de conciencia, estamos más cercanos de los primitivos cristianos. ¡Qué paradoja!
1) RUIZ BUENO, Daniel. Padres Apostólicos y Apologistas griegos (s.II). Introducción, notas y versión española por—. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2002, pag.99.
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Antonio Moreno de la Fuente
Miembro de Redes Cristianas.
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