Crónica del Encuentro Estatal de MOCEOP 2025
Una comunidad que sigue apostando por la “terca utopía y esperanza”
EN CLAVE DE RESURECCIÓN
EG 276 276. Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden.
Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo.
Un clima de hogar, libertad y fraternidad
Durante ese fin de semana, sacerdotes casados y secularizados, sus familias y personas afines nos reunimos en un clima de auténtica fraternidad. Desde el primer momento se respiró algo muy nuestro: la sensación de hogar, de poder hablar con libertad, sin miedo y sin necesidad de aparentar nada. Fue un reencuentro de historias diversas, generaciones distintas y búsquedas muy parecidas.
Para la reflexión
- Qué tendría que cambiar en la Iglesia para que cualquier persona, hombre o mujer, pueda hablar con libertad y sin miedo.
- Cómo podemos, desde nuestras vidas actuales, Impulsar y suscitar espacios de comunidad que encarnen la libertad que soñamos.
Mirar la realidad con “terca esperanza”
La primera parte del encuentro estuvo dedicada a mirar la realidad con serenidad y esperanza. Hablamos del momento que vive la Iglesia, de sus luces y de sus sombras, del cansancio de muchas comunidades y del avance del clericalismo en algunos ámbitos en estos tiempos de “cierta sinodalidad envuelta de clericalismo”.
Pero, por encima de todo, apareció una palabra que nos define desde hace décadas: esperanza. No una esperanza ingenua, sino esa “terca esperanza” que nace de la fidelidad al Evangelio y de la convicción de que otra Iglesia es posible.
Se subrayó que MOCEOP sigue vivo porque ha sabido mantener esa esperanza resistente: una Iglesia más igualitaria, más fraterna, más cercana a la vida real, donde el ministerio sea servicio, la mujer tenga plena igualdad, nadie sea excluido y la justicia social sea espiritualidad encarnada.
Para la reflexión
- Qué significa hoy soñar con una Iglesia feminista, donde la mujer no sea invitada sino constitutiva.
- Qué pasos concretos podrían abrir camino hacia una ministerialidad compartida, no sacramentalista ni androcéntrica.
- Cómo sostener una “esperanza terca” cuando una “tozuda institución” parece resistirse a
transformaciones profundas. Trabajo por grupos: palomas, colibrís… y un descubrimiento personal
En los grupos, el encuentro se llenó de símbolos: colibrís, palomas… Fue un espacio de escucha profunda, de palabra compartida, de sentir que cada vida tiene sabor a Evangelio y Buena Noticia.
Para mí fue una experiencia muy fuerte, casi brutal en el mejor sentido. Desde mi secularización no había asistido a ningún encuentro de este tipo. Era mi primera vez. Y lo viví como una revolución interior: una casa de acogida, hermanos y hermanas que entendían sin preguntar, abrazaban sin condiciones. Algo dentro de mí se recolocó, se encendió, e incluso se pacificó.
Para la reflexión
- Qué tipo de Iglesia nacería si la escucha —y no la autoridad— fuera el centro de la vida comunitaria.
- Qué ministerios podrían surgir si partiéramos de la experiencia, la igualdad y la comunión, y no del poder sacramental.
- Cómo acompañar hoy a quienes viven procesos de secularización, ruptura o reconstrucción vocacional.
Testimonios que sostienen
Uno de los momentos más intensos fue el espacio de testimonios: historias de vida, de dolor, de reconciliación, de vocaciones que encontraron nuevos caminos, de ministerios vividos desde los márgenes con enorme dignidad. MOCEOP es, ante todo, un lugar donde cada palabra cuenta y cada vida tiene peso.
Para la reflexión
- Qué voces (especialmente de mujeres) siguen sin tener espacio real en la Iglesia.
- Cómo podemos contribuir a una Iglesia donde el ministerio no sea privilegio masculino.
- Qué significa ejercer hoy un ministerio desde los márgenes, sin reconocimiento institucional pero con autoridad moral y evangélica.
Mirar hacia adelante
Se habló de fortalecer la presencia pública del movimiento, acompañar procesos de secularización, colaborar con comunidades de base y mantener viva la revista como espacio crítico y evangélico. Hubo consenso en algo esencial: MOCEOP debe seguir siendo un testigo necesario dentro de la Iglesia, no para confrontar, sino para recordar que el Evangelio abre caminos nuevos.
Para la reflexión
- Qué presencia pública debería tener un movimiento que defiende una Iglesia igualitaria y feminista.
- Cómo podemos impulsar una ministerialidad compartida que no dependa del sacramento del orden.
- Qué alianzas con mujeres teólogas, comunidades de base y movimientos sociales pueden abrir horizontes nuevos.
- Qué discurso profético necesitamos para que la Iglesia deje de ser androcéntrica y se convierta en comunidad de iguales. Celebración y envío.
El encuentro terminó con una celebración sencilla, centrada en la Palabra y en la vida compartida. Sin solemnidades, pero con una profunda comunión. Nos despedimos con abrazos, gratitud y la certeza de que, aunque pequeños y dispersos, seguimos siendo comunidad.
Dios de la vida,
que soplas donde quieres
y enciendes luces pequeñas en los bolsillos cansados,
haznos comunidad de iguales,
hombres y mujeres llamados a servir
sin privilegios ni fronteras.
Que tu Espíritu derribe los muros del miedo
y abra caminos de escucha,
de ternura,
de justicia.
Que ninguna vocación quede silenciada,
que ninguna mujer sea relegada,
que ningún hermano quede fuera de la mesa.
Haznos Iglesia de hogar,
Iglesia de camino,
Iglesia de viento suave
que orienta sin imponer
y acompaña sin dominar.
Y que, al salir,
sigamos llevando dentro
esa terca esperanza
que no empuja,
sino que acaricia.
Amén.
