No es un mundo fácil ni previsible el que nos está tocando vivir. En medio de la destrucción del orden internacional que conocíamos, los nuevos dictadores, la emergencia climática, la crisis de valores en un mundo hiperconectado pero donde tantas personas experimentan la soledad y la depresión… es necesario mantener la esperanza contra toda esperanza. De allí que “La terca utopía” haya sido el lema de este encuentro de miembros de Moceop-Aragón que han querido soplar las brasas de esa utopía tan necesaria en el mundo y en la Iglesia.
El Movimiento por el Celibato Opcional (Moceop) nació en los años 70 con el deseo de plantear una renovación más evangélica en la Iglesia Católica que incluyera, entre otros cambios, el celibato opcional para los sacerdotes, tal como ocurría en las primitivas comunidades cristianas. El Moceop a nivel nacional, al que pertenecen actualmente más de quinientas personas, ha ido haciéndose eco, a lo largo de este casi medio siglo, de las reivindicaciones de las mujeres en la Iglesia, de la acogida a las minorías por identidad de género, de la realidad de la diversidad sexual de algunos varones ordenados, del discipulado de iguales, del papel de servicio a la Justicia, la Libertad, la Ecología, la Paz y la Fraternidad que debe tener una Iglesia en salida hacia un mundo en crisis.
Moceop-Aragón ha mantenido su encuentro anual, que se ha hecho eco del encuentro nacional que tuvo lugar el pasado mes de octubre en Guadarrama con el lema «Terca Utopía”. El encuentro en Aragón, al que acudieron varios sacerdotes y un diácono permanente casados, algunas de sus esposas, y un sacerdote diocesano, ha tenido lugar en la iglesia del Espíritu Santo del barrio del Actur de Zaragoza.
El encuentro no solo fue una reunión de sacerdotes casados, algunos amigos y sus familias, sino un espacio de libertad, hogar y resistencia profética. Bajo el lema “La terca utopía», los participantes se sumergieron en un clima de fraternidad donde el camino compartido, la esperanza y la búsqueda común fueron las notas dominantes.
El encuentro comenzó con una presentación íntima de cada uno de los participantes, con sus historias personales de búsqueda, fidelidad a su particular vocación y deseo de seguir aportando sus talentos a la comunidad cristiana. La reflexión constató la persistencia del clericalismo, tan denostado por el Papa Francisco, y la necesidad de avanzar hacia una Iglesia donde caben todos, la sinodalidad y la igualdad, donde la mujer sea parte constitutiva y no una mera invitada en un ministerio entendido como servicio y no como poder que priorice una espiritualidad viva y comprometida.
Se destacó la vivencia de quienes asistían por primera vez a un encuentro de este tipo tras su secularización, describiendo la experiencia como una revolución interior. El encuentro funcionó como un bálsamo de sanación, permitiendo que personas que han vivido su proceso en soledad se sintieran, finalmente, en casa.
Hacia el final de la jornada, el consenso fue claro: Moceop-Aragón debe fortalecer su presencia pública y sus alianzas con grupos de cristianos y cristianas de base, además de la disponibilidad al diálogo y al encuentro con la jerarquía eclesial, algo que algunos obispos han fomentado desde el arranque del proceso sinodal promovido por el Papa Francisco.
El encuentro concluyó con una celebración sencilla donde la leyenda del colibrí que pretendía apagar el incendio del bosque con su pequeño pico y que, ante las risas de otros animales, manifestó que él se limitaba a hacer su humilde parte, iluminó el camino por delante con una renovada esperanza. La oración resumió el espíritu del encuentro: el deseo de ser una Iglesia de hogar y de camino, que no empuja, sino que acaricia, y que mantiene encendida esa terca utopía, la esperanza que se niega a rendirse.

