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Sami Nair: “El proceso en el Norte de África no se detendrá, ocurra lo que ocurra en Libia” -- Adrián G. Troncoso

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El Blog de Andrés Ortiz Moyano

El catedrático de ciencias políticas Sami Nair (Argelia, 1946) es una voz más que legítima para analizar la interesante situación que vive actualmente el norte de África. En opinión de Nair, las revoluciones llevadas a cabo por Túnez y Egipto, junto con el intento en Libia y otros conatos como el de Marruecos, Bahrein o Yemen, han encendido la mecha para el cambio democrático en el mundo árabe.

En el marco de una conferencia organizada por la Escuela de Alta Gestión Pública de Andalucía (EAGPA) en la hispalense Universidad Pablo de Olavide, este ex-eurodiputado por Francia, cuya nacionalidad ostenta, y ex-Delegado Interministerial de Codesarrollo y Migraciones Internacionales del gobierno galo, analizó la situación y las claves para entender el significado de la revolución democrática en el sur del Mediterráneo.

Sami Nair dejó muy claro que “el proceso no se va a detener, ocurra lo que ocurra en Libia ” y se desarrollará en el resto de países de la zona porque “aunque Túnez fue la mecha, el corazón del mundo árabe es Egipto y si éste se transforma en democracia, será un ejemplo para el resto de naciones de la zona. De esta manera, su influencia se verá a través de su buena relación con los Estados Unidos y su enfrentamiento con el conservadurismo feudal de Arabia Saudí. Ha sido una catástrofe para el mundo árabe que Egipto haya estado 40 años fuera de la cúpula internacional”, sentenció.

Y es que la situación libia es diferente a la de Túnez y Egipto: estos dos países han sufrido dictaduras que, sin embargo, han desarrollado un nivel cultural muy alto en su población. “Libia no es una dictadura, es una tiranía en un país de estructura tribal. Gadafi es un déspota que controla gran parte del ejército y no duda en matar a su pueblo, en este caso a la tribu bengasi, de donde proceden los militares insurrectos”, explicó. ¿Cuál es el papel de Occidente aquí? “No sabemos si a Occidente le conviene que haya democracia o que continúe Gadafi; además, el mundo árabe no quiere saber nada de intervención de Estados Unidos después de Iraq. Para ellos es ‘el diablo’”, añadió.

No obstante, estos visos democráticos en el Norte de África tienen aún un gran reto que superar en opinión del experto tunecino: “El contenido de la revolución es una revolución social que aún no ha encontrado su propio discurso. Veremos muy pronto la exigencia de los derechos sociales y una radicalización social, con una segunda vuelta que no se presenta bien. Al establecer un sistema democrático están apareciendo una gran cantidad de partidos políticos de todos los colores, lo que llevará una polarización entre la clase dirigente y las capas populares. Tras la revolución social vendrá la batalla de clases”, sentenció Nair. “Si embargo, espero que encuentren sus medios para solucionar estos problemas”.

Sami Nair destacó que lo ocurrido en estos países no es sino un “proceso revolucionario profundo, casi idéntico en todas estas naciones por un motivo muy simple: comparten estructuras y problemas sociales, es decir, conforman una unidad de condición sociocultural, a diferencia de Europa”. No dudó en asegurar que “el proceso que sucede en el Norte de África se desarrollará en el África Subshariana en los próximos años”.

Respecto a la visión de Europa y Occidente en general, el catedrático apuntó que “no hicieron nada para entender la situación de estos países ni ayudaron a los movimientos democráticos. Europa, por ejemplo, es una comunidad de interés del mercado especializada en la retórica para la galería sobre los derechos humanos”. Para Nair, la visión occidental de esta zona geopolítica está lejos de la realidad: occidente ve estos países sólo como dictaduras, regímenes envueltos en el manto del integrismo islámico. “La realidad es muy diferente: se trata de sociedades modernas con capas medias muy formadas. El tema del radicalismo islámico es un prejuicio occidental”, afirmó.

“Al Jazeera preparó a la opinión pública”
No podíamos marcharnos de la interesante conferencia de Sami Nair sin preguntar por el papel de los medios de comunicación en estos acontecimientos. “El papel de los medios occidentales ha sido fundamental, pero sobre todo el rol de Facebook, Twitter y los sms. Son la revolución del siglo XXI. Todas las manifestaciones se organizaron a través de Facebook y las revueltas callejeras contra la policía se hicieron a través de sms”. El analista destacó la figura de un joven y muy popular blogger tunecino, instigador y organizador de manifestaciones, que se ha convertido en ministro con sólo 23 años.

No obstante, Sami Nair dio el nombre de un medio de comunicación como una de las claves de todo el proceso: Al Jazeera. “Esta televisión ha sido el vector esencial de la revolución en estos países, preparando a la opinión pública para la movilización. Y lo que es más importante: hablando árabe para árabes”, aseveró.

Causas: crisis, pobreza, corrupción
Adentrándonos más en las causas de las revueltas sociales, Nair destacó en primer lugar el papel de la crisis económica. “La crisis financiera que vive España, por ejemplo, puede dar lugar a una crisis social con tasas de paro general del 15 ó el 17%. Esta situación en el Magreb es más dura, puesto que se une a la falta de recursos democráticos. La globalización se caracteriza por la producción infinita de mercancías (China, Brasil, India); por un elemento contradictorio que es la deflación salarial en países desarrollados (hace 25 años el sueldo de un titulado superior era mucho mayor que ahora); y por la generación de deuda, créditos bancarios. Pues bien, en estos países se da la producción infinita, los sueldos muy bajos pero no hay créditos bancarios. Cuando ven en la televisión que en Occidente se vive bien, algo cambia”, analizó.

Asimismo, Nair señaló la importancia de la descomposición de los gobiernos dictatoriales, cuyas clases dirigentes han sufrido una crisis interna. “En las últimas décadas se han formado un gran núcleo de corrupción en estos dirigentes que se apropiaron del sistema financiero. El ejemplo es Mubarak: que sepamos, ahora mismo ha logrado reunir una fortuna de ciento veinte mil millones de dólares. A esto sumamos que dentro de la clase dirigente hay varios bandos enfrentados por el poder: los que están a favor del capitalismo offshore (inversiones en países distintos a su lugar de residencia) y una burguesía enfocada al negocio”, dijo.

Aquí entra en juego el papel de las clases medias y su importante desarrollo, lo que ha dado pie a la movilidad social. “A partir de los setenta y ochenta se produce el auge de clases medias educadas. Sin embargo, a finales de los ochenta, encontramos una población excesivamente joven, con más del 50% con una edad de 15 años. Se produce entonces un aumento de la competitividad entre los ciudadanos, que no pueden hacer nada por mejorar su calidad de vida, excepto, claro, la corrupción, la cual llega cuando hay mayor empobrecimiento y menores herramientas de reacción”, explicó.

A esto se le añade el desarrollo de la pobreza en estos países: en Egipto, señaló Nair, el 42% de una población en constante crecimiento vive con un sueldo de dos euros, en el umbral de la extrema pobreza. “Asimismo, este país ha visto cómo la miseria se ha apoderado de todas las esferas sociales con un aumento de la población paralelo. De los 42 millones de habitantes de principios de los ochenta, ahora hay 82 millones”.

Los jóvenes como sujeto social activo
Son precisamente esos nuevos habitantes, los jóvenes, los que se han convertido en un actor esencial para el nacimiento y desarrollo de estas revoluciones. “Este nuevo sujeto social, jóvenes de 15 a 30 años, con alta formación científica como ocurre en Túnez, y parados, saben lo que ocurre en el mundo. Es un sujeto de conciencia nacional y también global”. El ex-asesor gubernamental galo recordó que fueron los jóvenes los que plantearon problemas en términos democráticos además de movilizar al sector de la economía sumergida y a los jóvenes sin trabajo ni educación. “Han actuado como un partido político a la vanguardia de las movilizaciones”, aseguró.

Todos estos factores, clases medias bloqueadas, jóvenes, miseria, economía sumergida… entran en sintonía y se produce una fusión social que provoca a su vez la movilización de las clases dirigentes que se ven amenazadas. “Se produce la disgregación del poder político. Tanto en Egipto como en Túnez existe una crisis de legitimidad en la sucesión, con Mubarak y Ben Ali planteando una república hereditaria como en Libia. Por su parte, el ejército pasa de canalizar las dictaduras en los 60 y 70 a apoyar el movimiento social, pues se trata de un ejército popular empobrecido. No pueden disparar a su pueblo, a sus hermanos”, dijo. En cuanto a la policía, en Túnez se produjo el 14 de enero un enfrentamiento con el ejército que este último gana. En Egipto, es el propio ejército el que amenaza a Mubarak si no se marcha. “El desarrollo de la corrupción ha dañado el concepto de Estado como instrumento protector, debilitándolo”, concluyó.

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