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Monseñor Nicolás Castellanos, obispo emérito de Palencia y presidente de la Fundación Hombres Nuevos: «La pobreza es la ignominia de la humanidad. Hay que impedirla» -- José Manuel Vidal

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Religión Digital

Monseñor Castellanos es un obispo. Pero no uno cualquiera, uno especial, profético.
Se llama Nicolás, fue obispo de Palencia hasta 1992, año en que dejó todo. Dejó su diócesis y se fue a uno de los países más pobres de Latinoamérica: Bolivia. Allí fundó todo un imperio de la solidaridad y de la caridad.
P- Buenos días, es un placer tenerle con nosotros.
R- Mucho más para mí.

P- Podemos empezar hablando de la tan manida crisis. ¿Cómo ve usted la situación actual? ¿Allí se nota más? ¿Los pobres son, al final, los que más pagan el pato?

R- Bueno, allí lógicamente vivimos una crisis permanente, entonces, no sé si se ha notado más o no. Lo que sí es cierto es esa frase que siempre se dice: los pobres cada día son más pobres. Es la realidad. A mí se me rompe el alma cuando voy por la calle y un niño se te abraza a los pies y dice “padresito, tengo hambre”. Esa es la escena cotidiana que se vive en la calle. Todos los días. Como dato, por ejemplo, nosotros hasta el 2008 teníamos 4 comedores. Ahora tenemos 5. Todos lo días damos de desayunar y comer a 1.000 niños.

P- ¿1.000 niños que sin su asistencia no tendrían nada?

R- Desayunarían un trozo de pan y un té. Pansito y tesito. Y cenarían exactamente igual. A mediodía les hace su mamá una sopa, en la que mete un kilo de huesos 10 o 12 veces.

P- Eso significa que están desnutridos.

R- Totalmente. Tenemos a parte de los comedores un centro de niños desnutridos. Ahí habremos salvado unas 4.000 vidas. Esos ya están en un grado que de no ser por el centro, se morirían.

P- ¿Qué es exactamente todo lo que tiene allí? ¿Cómo lo mantiene?

R- Lo mantenemos fundamentalmente desde España. Con instituciones de distinto rango. Ahora por ejemplo acabo de hablar con la secretaria de estado de cooperación de la ECI? Diputaciones, comunidades, autonomías, ayuntamientos… y mucha gente particular que a mí me conoce. Porque a la gente le gusta eso de que, si aquí entregas un euro, allí se va a multiplicar. Eso a la gente le gusta mucho.

P- Personalizar la caridad.

R- Sí, pero no es que la gente quiera saber en qué lo inviertes, normalmente se fían. Yo tengo la anécdota de un empresario español que había oído hablar de mí, y antes me decía “yo quiero que lo inviertas en lo que yo te diga”. Cuando fue allí, y vio lo que habíamos hecho, dijo “mejor que tú, nadie sabe en qué hay que invertirlo”.

P- ¿O sea que se ha convertido usted en una especie de “pedigüeño de Dios”?

R- Bueno, puede ser, aunque en realidad, yo nunca pido. Yo sólo muestro las necesidades. Y la gente, ante eso, lo ve. La última escuela que inauguramos el 26 de diciembre está a 4500 metros de altura, en el altiplano. Las niñas y niños para ir a la escuela tenían que andar de 1 a 6 horas. Un empresario español amigo mío, dijo “oye, eso no lo podemos tolerar, venga, hay que arreglarlo”. Entonces, él vio la necesidad y él fue quien invirtió 150.000 euros para hacer la escuela.

P- ¿O sea que usted invita a la gente a que vaya allí y lo vea?

R- Exacto. Tengo otra anécdota: yo soy muy amigo de José Bono. Entonces, recién llegado, fue él a verme. Y me dijo: “me ha quedado clara una cosa: hay que invertir en proyectos que tengan impacto transformador” (sobre todo a través de la educación, claro).

P- Y usted ya lleva con ese proyecto de impacto transformador muchos años, ¿no?

R- 17.

P- ¿Y cada vez creciendo más?

R- Si, hasta ahora siempre ha ido “in crescendo”. El año pasado yo me quedé sorprendido. Una revista de finanzas que se llama Cast?, de Bolivia, de ámbito nacional, hizo un estudio sobre las 100 instituciones y personas que tienen más influencia en el país, y yo me quedé admirado de que nosotros, unos pobres diablos que vamos por la vida sin un euro, resulta que somos la 27 institución de mayor influencia y credibilidad en el país.

P- Eso se gana a pulso.

R- Sí. Con mucha mística, que es muy importante. Hay que creer en la utopía. A mí me preguntan muchas veces “¿y cómo se financia eso?” y yo digo “todo eso, con utopía”.

P- Y con la Providencia.

R- Si, exactamente, hoy suena más lo de utopía, pero, claro. Yo creo en la Providencia.

P- ¿El futuro le preocupa? El futuro de los pobres.

R- Sí me preocupa, porque en vez de dar soluciones y respuestas reales a los pobres, cada vez son más pobres. Es preocupante porque aquí en el norte estamos muy bien, pero ya lo decía Martín Lutero, que todo hombre, toda mujer, todo niño, tenga derecho a hacer 3 comidas al día, porque todos tenemos la necesidad. Pero a lo mejor aquí podéis satisfacerla, y cuando yo veo que nuestra gente no tiene esa posibilidad, se me rompe el alma.

No te acostumbras a la pobreza. Yo llevo 17 años en un barrio de 250.000 habitantes, donde el 60% son pobres y el 40% vive en la miseria, y me paso todo el día viendo pobreza. Ahora, también esto tiene algo muy gratificante, y es que todo lo que haces produce efectos positivos.

P- Porque la pobreza no es bonita. Huele mal.

R- Muy mal. Es horrorosa. La pobreza es la ignominia de la humanidad. Hay que impedirlo.

P- ¿Y alguien como usted lleva luchando contra esa lacra por el Evangelio?

R- Sí, mi opción fundamental es Jesús de Nazaret. Y eso ha quedado muy claro ahora en Aparecida, que ha resuelto todas las ambigüedades, la opción por los pobres está bien clara. Para nosotros la opción por los pobres nace del encuentro personal con Jesús. Yo, si me encuentro con Jesús, necesariamente me encuentro con el pobre. No voy a Jesús por el pobre: al revés, Jesús es quien me hace descubrir la realidad del pobre y darle la preferencia (no exclusivamente, porque no hay que excluir a nadie), pero sí darle la preferencia al pobre.

P- ¿O sea que con Aparecida ha desaparecido –si le he entendido bien- esa falsa dicotomía “Teología de la Liberación sí/Teología de la Liberación no”? ¿Usted cree que se sigue reclamando la liberación de Cristo?

R- Sí, claro. Además la Teología de la Liberación siempre dijo eso. Gustavo Gutiérrez lo tiene muy claro. Que la opción cristología de la opción por los pobres nace precisamente de Cristo. No al revés, porque lo otro sería una opción sociológica o política. Aparecida eso lo deja. Y ahora se está hablando constantemente de ese encuentro gratuito de Jesús, que es el que trae todas las demás consecuencias. Yo creo que la Iglesia de hoy necesita recuperar todo esto. Ir a ese encuentro personal con Jesús. Precisamente, Aparecida dejó a un lado a la historia, los dogmas… y se centró en el encuentro gozoso, gratificante, con Jesús el Señor.

P- Algo que allí me imagino que se vive de otra forma, más a fondo…

R- Totalmente. Allí es espontáneo. Yo, con mis 74 años, llevo un grupo de universitarios.

P- No sabía que tenía usted 74 años. Será el altiplano que le mantiene así…

R- No, si yo estoy abajo. Estamos a 450 metros sobre el nivel del mar. Lo que iba diciendo, que yo iba a buscar un joven para este grupo de universitarios, y me dijeron “no, no, si lo deja usted nosotros también lo dejamos”. O sea, es gratificante, la eucaristía allí es participativa, llena de niños, de jóvenes… hasta de perros. Es una fiesta.

P- ¿Qué tendría que hacer la Iglesia jerárquica europea de cara a esta crisis? Gestos concretos. ¿Qué le pediría usted a los obispos españoles? Por ejemplo, ha habido un obispo, el de Cádiz, que ha dicho “yo entrego el 10% de mis salario a Cáritas”. Ese gesto, aunque sea simbólico, es significativo. ¿Podría extrapolarse a todos los demás, promoverse desde las altas instancias?

R- Efectivamente. Mira, yo creo que a la Iglesia en Europa le falta mucha creatividad. Y le falta mucha presencia, y contar más con el Espíritu Santo. Yo creo que hay que sintonizar, conectar con el mundo en que vivimos. Igual que nosotros tenemos que decir allí “¿Cómo hablar de Dios a los pobres?”, ellos tienen que decir “¿Cómo hablar de Dios en época de crisis?”.

Aquí hay una oportunidad de oro. Yo tengo una frase acuñada que es “en el norte sobran todos los medios para vivir, y faltan razones para existir; y en el sur carecemos de los medios para vivir, pero nos sobran razones para existir”. En nuestro barrio de pobres tenemos la presencia de Jesús, de la Iglesia… que hace que la gente tenga esperanza. Ahora tenemos que ser más creativos, a ver cómo en este mundo de insatisfacción, en este mundo en crisis, la Iglesia hace su aporte.

Indiscutiblemente, igual que allí la solidaridad despierta todas las esperanzas, aquí también tiene que ser así. Hay que hacer gestos que conecten con el Espíritu Santo. A mí me da pena, que veo que aquí hay más nostalgia de la Iglesia preconcialiar que de la Iglesia del Vaticano II.

P- ¿Eso es porque vamos en busca de seguridades, o de la seguridad que nos dio cierta época pasada?

R- Efectivamente, y yo creo que el Evangelio es la plataforma de las inseguridades, de las libertades. Desde ahí tenemos que hacer la oferta gratuita de la buena noticia que nos trae Jesús. Y desde ahí yo creo que todo es posible. Yo no tengo fórmulas mágicas que sacarme de la manga, pero yo creo que en este momento la Iglesia tendría que pensar seriamente cuáles son los retos de este mundo en crisis, y cuáles serían las respuestas desde el Evangelio a estas necesidades. Las hay, yo estoy convencido.

P- ¿Separándose, quizás, del poder y de la política, y dedicándose a ser autoridad moral como en la época de Tarancón?

R- Efectivamente. Mañana veré a Patino, un gran amigo y colaborador. Me gustó la carta del día de reyes, entre Tarancón y Rouco. Salió en El País, de Martín Villa. Haciendo alusión a recuperar el espíritu de la transición, mediante una carta entre Tarancón, que está en el más allá, y Rouco.

P- ¿Usted no se atreve a hacer esa carta desde Bolivia?

R- Yo me siento un cristiano –aunque obispo emérito- de a pie. Entiendo que lo que hay que hacer es meter las manos en la harina de la historia. Hoy la Iglesia tiene un desafío. Aquello que decía san Agustín: “Nos hiciste, señor, para ti. Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. En el fondo de todo corazón humano hay una serie de valores que nada de este mundo puede llenar. Entonces, yo creo que tenemos que recuperar la mística, la utopía de Jesús. Hay que volver a predicar el Reino. Y todo lo demás (seguridades, poder…) no importa. Lo importante es tener autoridad moral.

P- ¿Y dar a conocer, quizás, también, a gente como usted y como otros muchos: Cáritas, 28.000 misioneros que se están dejando la vida por los más pobres? Porque es verdad que en la Iglesia hay mucha gente a pie de obra.

R- Si, totalmente correcto. En Bolivia la institución de mayor credibilidad en todo el país es la Iglesia. Yo creo que hay una Iglesia, rica, misionera, profética, que tendría que aflorar más. Basta leer los Coloquios Nocturnos del cardenal Martini, donde explica claramente que no estamos despertando la felicidad, la plenitud que nos da el Evangelio. O Adela Cortina, que dice “la jerarquía sólo está diciendo lo que no hay que hacer”.

P- La “Iglesia del No”, que dice el vaticanista Marco Politi.

R- Exacto. Pero no hay que sentirse derrotados. Yo me sentí muy optimista –y realista al mismo tiempo- mientras fui obispo de Palencia, y me sigo moviendo con el mismo optimismo en el mundo de los pobres. Porque nos damos cuenta de que, por ejemplo, el proyecto Hombres Nuevos, de inspiración cristiana, está levantando y manteniendo las esperanzas de los pobres.

P- Pero, monseñor, aunque no se puede hablar de dos Iglesias, ni 3 ni 4… hay cierta gente en España por ejemplo, que está un poco desesperanzada en ese sentido. Lo que nos viene de Roma y de la jerarquía es siempre lo mismo: el no. No es esa Iglesia esperanzada, que busca…

R- Efectivamente. Lo que nos falta es fe. Yo entiendo que un creyente, un hombre que hace oración todos los días, que celebra el sacramento de la eucaristía, tiene que ser un hombre de esperanza. Lo que pasa es que yo creo que hay que hacer análisis de la realidad. Un ejemplo: fue el Papa Benedicto XVI a Aparecida, y tiró un poco de las orejas a los obispos, porque le preocupaba mucho esa deserción de católicos, sobre todo pobres, a otras religiones. Se habla de un 1% anual.

P- ¿En Brasil?

R- No, en toda la Iglesia, y en especial en América latina. Y no vale decir “esto son pecados personales”. No, ahora tenemos una nueva cultura que necesita nuevas estructuras. Y ahí entra el juego la creatividad. ¿Qué papel tiene la Iglesia es esta nueva cultura compleja, diversa, plural? Esto implica inventiva, para ver cómo hacemos llegar este mensaje pletórico de vida de Jesús.

P- Esa línea opositiva, profética… Casaldáliga, usted… , ¿tiene futuro en la Iglesia? ¿El cambio viene de arriba, de abajo, de los dos sitios a la vez? ¿El péndulo ha ido demasiado a la derecha, hay que centrarlo?

R- Yo creo en el Espíritu Santo, y creo que al igual que ocurrió aquel vendaval del Vaticano II, aquella intuición maravillosa de Juan XXIII, si queremos hoy una renovación estructural y fuerte de la Iglesia, hay que volver a los pobres. Seguramente así seríamos capaces de recuperar ese norte que necesita hoy la Iglesia.

P- ¿Y usted cree que es posible, que al Espíritu nadie le pone puertas?

R- El misterio de la iniquidad anda por el medio, pero yo estoy convencido de que hay mucha más presencia del Espíritu Santo que del misterio inicitatis?

P- Hábleme un poco de Evo Morales. En España tiene buena imagen en un lado, mala imagen en otro… ¿Qué está haciendo?

R- Para mí, el que Evo Morales haya despertado a todo el país y haya dicho que hay que tomar conciencia de los pobres, me parece una aportación muy importante. No se puede perder de vista que América Latina es el continente en que mayor desigualdad hay de todos. Y dentro de América Latina, Bolivia es el primer país en el que más desigualdad hay. Entonces hay que aplicar una justicia social.

Ahora bien, hay que aplicarla en un estado de derecho, democrático y de libertades. Y ahí me parece que Evo falla. De hecho, llevamos 3 años de gobierno, y ciertamente en Bolivia hoy se pasa más hambre que hace 3 años. Entonces, esas reformas, esa opción que dice haber tomado por los pobres, no llega al 70% de pobres del país. No llega al barrio, donde la gente sufre. Donde llega una niña a comprar 50 gramos de carne para 12 personas que son en casa. No se ve un horizonte abierto.

P- ¿Ha hablado usted con Evo? ¿Le ha visto alguna vez, le ha pedido consejo?

R- No, nunca. Y te digo una cosa, todos los presidentes anteriores han pasado por el Plan 3.000, se han interesado por el proyecto…incluso algunos decían “este es el modelo ideal auténtico de urbanización de un barrio pobre”. Porque claro, nosotros allí tenemos de todo. La única universidad de teatro que hay en Bolivia, es la Facultad de Teatro de Hombres Nuevos, que está dentro de la Universidad Católica de Bolivia. Nuestro objetivo es elevar la autoestima de la gente y reducir las fronteras de la pobreza.

P- ¿Alimentar el cuerpo y el alma? El espíritu, la razón… R- Exactamente. Te contare una anécdota. Un día estaba yo en una asamblea, allí en el barrio. Tenemos becados en la universidad 500 jóvenes. Y me dijeron unos universitarios: “Oye, Nicolás, ¿es que los pobres no tenemos derecho a conocer nuestro arte, nuestra cultura?”. Me dije yo “Esto es una joyita. Hagamos un debate sobre esto, a ver qué soluciones encontramos”.

Y fue fácil, sacamos esta conclusión: hagamos trabajo comunitario, y todo lo que saquemos lo invertimos en viajes culturales, etc. Y efectivamente se ha hecho eso. El trabajo comunitario es vender empanadas, hacer rifas, títeres… y ya hemos hecho 12 viajes culturales. Y la segunda parte viene ahora. Otro día, en una asamblea, dijo una señora: “¿habiendo tanta hambre en el barrio, es justo que hagamos viajes culturales?”. Le contesto otra señora: “doñita, no sólo hay que alimentar el cuerpo, también hay que alimentar el espíritu”. Se aprende mucho de la sabiduría popular.

P- Me imagino que tendrá en proyecto traer esas representaciones a España alguna vez.

R- Ya estuvimos. Una orquesta de rango internacional, dando conciertos. Una periodista suiza que vio a la orquesta actuar en Sucre, se enamoró, y ahora un cineasta argentino va a hacer una película sobre la orquesta.

P- Príncipe de Asturias… le falta el Nobel.

R- Bah, yo en eso no pienso. A mí esos premios me interesan en la medida en que sirvan para tomar conciencia de la realidad empobrecida en que viven los pobres.

P- ¿Qué contacto mantiene con Casaldáliga?

R- Muy bueno, somos muy buenos amigos. Me ha escrito un prólogo precioso para mi libro Utopía y realidad, Hombres Nuevos. Tenemos mucha comunicación. En el libro que se ha hecho por los 80 años de Casaldáliga tengo una participación. El artículo Pedro Solidario.

P– ¿Sigue habiendo profetas?

R- Sí, y también mucha gente profética del pueblo, que nadie conoce.

P- ¿Obama es un profeta?

R- Vamos a verlo. Hay muchas expectativas de que verdaderamente sea profeta en este mundo en que vivimos. Vamos a ver si las expectativas se hacen realidad.

P- ¿Y Zapatero es tan malo como dicen algunos de sus colegas?

R- Bueno, a mí no me gusta emitir juicios de las personas. Creo que los problemas hay que resolverlos con el diálogo, no con descalificaciones. A mí me gusta Zapatero, además, es paisano mío. Pero insito en que hay que buscar el dialogo, las cosas en que coincidimos. Yo he estado en Palencia y tengo unas relaciones espléndidas con el PP, con Izquierda Unida… Tengo un puente dedicado que me dio el PSOE de Palencia. IU dijo, “No, para nuestro obispo un puente es poco: una calle”. Yo creo que todas las personas tenemos ganas de acertar, de buscar el bien común. Por eso, hay que crear contextos, plataformas, donde realmente nos escuchemos. La Iglesia tiene que tener una escucha valiente a este mundo. Porque en este mundo está presente el Espíritu Santo. P- ¿Qué nos pide a los europeos, a los españoles, que nos ha afectado un poco la crisis, pero que en comparación con estos niños…? A mí es que me ha dejado de hielo.

R- En justicia, no podemos seguir dando migajas al sur. Yo estoy muy agradecido al norte, a todas las instituciones, tanto del PSOE como del PP, que nos colaboran, porque los pobres no tienen color político, lo que tienen es hambre. Yo estoy muy agradecido por la ayuda, pero, a pesar de la crisis, pienso que el norte en justicia tendría que ser mucho más solidario. En Bolivia tenemos 1 millón de niños y niñas sin escuela. Allí un becado de la universidad, un chico o una chica candidato a delincuente, por 200 euros al año se va a hacer profesional.

P- ¿Qué puede hacer cualquier persona que nos vea, para ponerse en contacto con usted, para hacerle llegar solidariamente ese dinero que se invierte en el niño que pasa hambre o en el chaval que quiere hacer una carrera?

R- Pues, tenemos una fundación aquí en España, sede en Palencia. Fundación Hombres Nuevos. Avda Castilla 59 1º izquierda, 34005 Palencia. El mail es fundacion@hombresnuevos.org y el teléfono, 97… . Y ya saben que euro entregado aquí, euro que allí se duplica.

P- Porque la caridad siempre fructifica más, ¿no?

R- Efectivamente. Tiene que haber solvencia, honestidad… También tenemos proyectos de voluntariado. Esos 500 becarios de los que te hablaba, un año antes tienen que hacer 4 horas de voluntariado, que lo mismo es trapear, fregar un piso, limpiar cristales… que apoyo escolar, ludotecas, bibliotecas, escuelas deportivas, socorrismo…etc.

P- ¿Voluntarios también de España?

R- Sí, ya habrán pasado unos 4.000 voluntarios de España, de Italia, de Alemania y de América latina.

P- Pues ha sido un placer, monseñor, encontrarnos con un profeta así, cara a cara. Muchísimas gracias.

R- A ti, muchas gracias.

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