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La crisis, ¿Una oportunidad para África?

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Umoya

Crisis no quiere decir solamente ‘peligro’, puede representa también una oportunidad, una posibilidad para el cambio, una búsqueda de nuevos caminos y soluciones para los problemas. Las crisis actuales que afectan al mundo, incluida África, llevan en sí mismas una luz de esperanza para un cambio y un futuro mejor.

Las posibilidades de unirse al esfuerzo mundial son ahora más importantes que las que se tenían en un pasado reciente. La serie de crisis de 2008 fue una advertencia lanzada cara a la situación mundial cuyas principales víctimas son, como siempre, los países en vías de desarrollo, y los pobres.

La crisis en África. Desde 2000, las economías africanas han experimentado una tasa media de crecimiento del 5,8 %,el periodo más próspero de los últimos 40 años. África ha progresado en muchos dominios cruciales: la reducción de la pobreza, mejor gobernabilidad, reformas económicas, control de la inflación, crecimiento de la inversión extranjera directa (sobre todo en infraestructuras) y la consolidación de su macro – economía.

La estabilidad política se ha afirmado en muchos países y el acceso al agua, a la salud y a la educación ha mejorado, si bien son aún necesarios progresos suplementarios. Este éxito se debe sobre todo a la subida de los precios de las materias primas, especialmente petróleo y minerales. África está bien integrada en la globalización de la cadena de aprovisionamientos. El continente ha sido protegido de los efectos inmediatos de la crisis financiera mundial, y esto a causa de cierta marginación de los mercados financieros mundiales.

Sin embargo la ralentización económica tiene fuertes repercusiones en el continente y amenaza con minar el decenio de crecimiento record. El precio de las materias primas ha caído a causa de la reducción de beneficios ligados a la exportación. La demanda de materias primas y de servicios a exportar se retrae drásticamente y las sociedades mineras han debido reducir fuertemente o cesar en sus actividades, como en la RD del Congo, Ghana y Zambia. Esto tiene un efecto directo sobre el empleo, la producción y los ingresos del estado. Los africanos viviendo en países desarrollados envían menos dinero a sus casas. El turismo disminuye. Los créditos y el capital disponible para las actividades comerciales e industriales disminuyen. La ayuda extranjera será desde luego revisada a la baja.

El presidente tanzano Kikwete ha prevenido de que la recesión mundial es la mayor amenaza a la que África se enfrenta en los últimos años. África se queda como exportador de materias primas, y está expuesta de lleno a los factores externos que influyen en su desarrollo social. Los precios de las materias primas han caído fuertemente (el petróleo el 50 % y el cobre el 60%) y seguirán bajos en 2009. Esto bloquea las perspectivas de crecimiento de países como Zambia que había experimentado un crecimiento sostenido gracias a los altos precios de los metales. El decrecimiento del aporte financiero y la escasez de créditos disponibles van a afectar al desarrollo de las infraestructuras (carreteras, puertos, transportes, mercados, comunicaciones) planificadas para estos próximos años.

Al mismo tiempo que la disminución de ingresos estatales, los presupuestos nacionales se reducirán y los servicios sociales se verán afectados. El resultado parece anunciar la reducción del desarrollo y el hecho de que la crisis va a aumentar la pobreza de las poblaciones africanas. La crisis socio- económica que experimenta el continente ha sido precedida por otras crisis en 2008. El aumento de precio de los productos alimentarios, la crisis de la energía y el precio elevado del petróleo.

El cambio climático, acompañado de sequías e inundaciones, marca con su huella a la agricultura, la producción de alimentos y la vulnerabilidad de los campesinos. Otras crisis crónicas afectan al continente y frenan el desarrollo: el acceso al agua y a las instalaciones sanitarias, el acceso a la tierra, a la salud, a la educación etc.

Mientras que los países ricos en recursos mineros se aprovechan de los precios elevados, el horizonte de otros países de África se oscurece. El alza de precios de los alimentos básicos entre 2006 y 2008, causada en parte por la especulación financiera y el aumento de cultivos para carburantes, ha culminado en una crisis alimentaria mundial. Las penurias alimentarias y la ausencia de poder adquisitivo para millones de pobres del planeta han causado una crisis de hambre muy extendida, y la desesperación ha motivado alzamientos en muchos países africanos.

Algunos de estos países, autosuficientes antes en su producción alimentaria, dependen actualmente de la importación de esos productos. La presencia de África en la solución para salir de la crisis. La crisis actual es de tal amplitud que se expresan dudas bien fundamentadas sobre la viabilidad del sistema económico mundial. En la búsqueda de soluciones para salir de la crisis, los europeos piden una nueva arquitectura financiera mundial que dé prioridad a nuevas autoridades financieras reguladoras. Como estas autoridades financieras aún no están creadas, deberían tener un lugar central en los proyectos de futuro del G20.

Muchos piensan que las instituciones multilaterales que han fracasado (FMI; BM etc.) deben ser radicalmente reformadas, pero se plantea una pregunta: Estas instituciones que han causado la crisis, ¿pueden ser creíbles en la búsqueda de una solución? En los países desarrollados, los gobiernos usan enormes sumas de los fondos públicos para reducir el impacto de la crisis. La mayor parte de los estados africanos no tienen capacidad para responder de esta manera. Los países en desarrollo son víctimas de una crisis que ellos no han causado. El mantenimiento del apoyo financiero hacia África debe ser la prioridad de la opción ética de Occidente.

Si la ayuda extranjera se sacrifica, las posibilidades de ver que una estabilidad económica mundial surja de la crisis son descartadas. África del Sur será el único estado africano que participará en la cumbre del G20. Los responsables africanos, los miembros de las instituciones internacionales y de la sociedad civil se han encontrado en Dar-es-Salam (10-11 Marzo 2009) para preparar su mensaje al G20. En su declaración final se lee: África debe ser parte activa en la solución de la crisis financiera mundial. La comunidad internacional debe respetar su compromiso de asistencia para acudir en ayuda del continente en su lucha contra la erradicación de la pobreza y en su negativa a aceptar una pérdida de ganancias durante todo un decenio.

Han insistido sobre el cambio necesario de la política del BM, del FMI, y otros socios capitalistas y también por parte de los gobiernos africanos. Se hicieron preguntas importantes: ¿Cómo África y la comunidad internacional deberían responder a la crisis? ¿Qué tipo de políticas necesita África para estar asentada? Para nosotros, los consumidores, la solución a la crisis reside en un cambio de nuestra manera de vivir, de nuestro consumo, de nuestros hábitos alimentarios. La crisis, ¿una oportunidad para África? El mundo no vive sólo una crisis en el sistema, sino una crisis del sistema porque la economía en sí misma es vasalla de la economía financiera.

La superproducción y el sobreconsumo son las causas que subyacen en la raíz de la crisis actual, y llevan a un desarrollo insostenible. La solución exige la transformación del sistema económico actual y un cambio radical en el crecimiento, el consumo y la producción. La crisis suscita cuestiones fundamentales. ¿Qué orden socioeconómico estamos dispuestos a adoptar, o somos capaces de aceptar? ¿Estamos preparados para luchar por un desarrollo sostenible y por una sociedad en ruptura con el pasado, resueltamente comprometidos en la lucha contra la pobreza, la exclusión y la injusticia?

Esta crisis ofrece una oportunidad de debate abierto sobre la significación y el rol de la economía en la mundialización de nuestra tierra. La crisis mundial alimentaria que ha provocado el alza vertiginosa de los precios ha sido provechosa para los productores de arroz. En 2006, pese a las condiciones climáticas favorables, África sub.sahariana importó arroz por un valor de dos mil millones de $. La crisis permitió a los gobiernos africanos reforzar sus políticas agrícolas, aumentar sus inversiones en explotaciones agrícolas de tipo familiar y en infraestructuras. Esto asegurará una autosuficiencia en la producción alimentaria y una consolidación de la soberanía alimentaria.

Es también una invitación a llevar a cabo reformas agrarias, a facilitar el acceso a la tierra de los pobres y a impedir a las grandes empresas echar mano de los terrenos más productivos. No es aceptable en estos momentos de crisis dedicar tierras destinadas a la alimentación para la producción de carburantes. Los inversores internacionales pueden beneficiarse de África que ofrece buenos intereses para las inversiones y oportunidades para las sociedades en telecomunicación, construcción y bienes de consumo. Las inversiones pueden sostener el crecimiento de África, y este crecimiento puede dar nueva vida a economías más ricas en riesgo de naufragar.

Los minerales y el petróleo de África, así como su potencial granjero, son muy deseados por Europa y Asia. Incluso si los precios actuales de las materias primas son bajos y no dejan más que un débil margen para la negociación, es cierto que al fin de la crisis los dirigentes africanos deberán establecer contratos más estrictos con las empresas que exploten sus recursos naturales, para que las poblaciones locales se aprovechen de ello. “La crisis financiera mundial representa una oportunidad para África para salir de un tipo de ayuda que acrecienta la pobreza e ir a menos dependencia cara a la asistencia externa, y a más compromiso en el desarrollo de infraestructuras y de integración regional. Los que deciden las políticas deben ofrecer rutas más innovadoras en la financiación del desarrollo económico”, afirma Okonjo Iweala, un antiguo director general del BM.

África se encuentra cara a un desafío: la creación de un medioambiente que permita una vuelta al crecimiento y la consecución de objetivos de paz, estabilidad, desarrollo y erradicación de la pobreza. Esto exige un nuevo contrato social entre los diversos partenarios sociales de África, y la definición de qué África se desea.

Si hay un momento en el que África debe reflexionar como una sola entidad, es ahora. Es la oportunidad de construir una nueva África.

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