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Antonio Labrador, misionero en Argentina y párroco en Jerez:«¿Curas rojos? El cura es cristiano» -- Juan P. Simó

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Diario de Jerez

Me han dicho que es usted un cura combativo, luchador…

– Yo sólo procuro ser fiel a lo que opté hace mucho tiempo. Voy ya para 49 años de cura. He tenido la suerte de estar en muy buenas comunidades y esto me ha animado, he participado con gente que han trabajado mucho por el bien del pueblo, desde el seminario y mis estudios en la HOAC, que me sirvieron mucho en mi trabajo en barriadas como éstas. Y siempre me he encontrado con personas con planteamientos muy serios.

Aquí trabajan muchos que han hecho mucho por la ciudad, de asociaciones como Proyecto Hombre o Siloé, los sindicatos y otras comunidades como Jesús de Nazaret, La Asunción o San José Obrero de El Puerto. Indudablemente, esto te alienta y te anima. En América tuve también mucha suerte. Y procuramos que ese esfuerzo no vaya sólo dedicado a la formación de las personas, sino que ese enfrentamiento con la palabra de Dios se traduzca en vida. En Argentina, monseñor Anginelli decía siempre: ‘Un oído en la palabra de Dios y el otro en la palabra de la vida’.

– ¿Le ha costado algun disgusto?

– Bueno, dificultades siempre hay. Yo he tenido muchísimas más satisfacciones. Nuestras predicaciones pudieron chocar antes. A mí la verdad que nunca me multaron, sí me llamaron la atención, recibí visitas de las autoridades, pero nunca llegó a gran cosa. Ser fiel al Evangelio no supone que sea uno un tiratapias…

– Monreal Rouco dijo que el sacerdote nunca era el protagonista de la liturgia.

– La liturgia se vive con el pueblo. Claro, no es lo mismo vivir en una barriada en situación como esa de Madrid y esos sacerdotes entregados a las situaciones más marginales… Lo lógico es que se vea la palabra de Dios desde su situación, que se comparta de forma muy sencilla la cena del Señor, que se fomente el amor entre las personas para que uno no se sienta pisoteado sino acogido, dignificado.

– ¿Le molesta lo de curas rojos?

– ¿Cura rojo por qué? El cura es cristiano. Si vivimos o lo intentamos la buena noticia de Jesús, hay que ser persona que viva esa libertad que Cristo nos trajo y ese ofrecerse para ayudar a los demás, ayudarles a descubrir que no pueden ser esclavos de ninguna situación, que se realicen como personas y también en el amor.

– ¿Usted también oficia la misa en vaqueros?

– Hombre, yo en América he oficiado la eucaristía en un campo. Y aquí me pongo de una manera sencilla.

– ¿Y consagra rosquillas de anís en lugar de hostias?

– Pan sí, aquí y en Argentina, porque quizás hemos querido simbolizar ese pan compartido. Pero estas cosas no son tan esenciales. A mí lo que me importa es que se viva la eucaristía, que es dar la vida por los demás, el lavatorio de los pies, el compartir, la comunión, es oración, el pan del Señor compartido… Sin todo eso, no hay eucaristía, por muy elegante que pueda presentarse. Indudablemente, hay personas que quieren centrarse más en la doctrina universal y otros que están mucho más en contacto con la realidad. Aquí tenemos una feligresía con muchos pensionistas, con pensiones tan bajas que no entendemos porqué estos gobiernos que hablan tanto… Aquí muchos no llegan a 500 euros, o están aprisionados en los pisos por estar imposibilitados para salir por su edad…

– También entrarán musulmanes y ateos.

– Esta iglesia está abierta a todos. Aquí ayudamos con lo que podemos, y ayudamos, pese a los muchos gastos que comporta el mantenimiento de la parroquia. Y compartimos hasta con Mozambique proyectos en la parroquia de Antonio Aguilar, que fue párroco aquí, o de Tánger, o de atención a niños en la calle en Latinoamérica

– ¿Usted vive como Jesús?

– Todo cristiano debe vivir como Jesús. Yo conocí al cardenal Bueno Monreal, que fue mi obispo. En una diócesis como Sevilla y en una casa tan grande y llamativa como el palacio arzobispal, este hombre era de una sencillez asombrosa, en su manera de vestir, su manera de conectar con las personas…

– ¿Una sede como la de nuestro obispo?

– Creo que ese edificio le aísla, le ‘separa’ de cierta manera… Ahora, ¿qué razones tiene él para vivir ahí? Eso se lo pregunta usted a él. Mi obispo de América, Joaquín Piña, catalán de origen, vivía en una casita muy pobre, austera, convivía en las chozas, junto a la gente. Y todo el mundo le conocía.

– Así vivió el padre Llanos, el cura del pozo del Tío Raimundo, toda una institución.

– Creo que tenemos que vivir muy cerca de las personas, lo que pasa es que a veces la sociedad nos absorbe el tiempo. El sacerdote debe estar mucho en la calle. También comprendo que muchos sacerdotes hayan podido dejarse ‘encerrar’. Esto depende mucho de la experiencia de cada uno. En mi caso, tuve suerte, como dije al principio.

– ¿Qué problemas tiene la barriada?

– Hay bastante paro, no sé si porque realmente se ceba en esta barriada o quizás por falta de capacitación o porque, a veces, hay que decir: Oye, que hay que buscarlo. Problemas de droga, que no sabe uno porqué hay tantas puertas abiertas a la droga en esta zona. El de personas mayores con jubilaciones muy exiguas… Yo me admiro del esfuerzo que hacen para llegar a fin de mes… El de una juventud con poco estímulo porque quizás no vean perspectivas…

– ¿Y cómo afronta la parroquia esos problemas?

– Con la formación de la persona, ayudar a la persona que tenga capacidad de criterio, ayudarle a pensar, ofrecerle un Evangelio que le realice en su vida y como persona que busque su dignificación. La labor de los grupos de trabajo que aquí se reúnen es enorme y ejemplar. Desgraciadamente, la parroquia tampoco puede llegar a todo.

– Y el panorama nacional es tremendo. ¿Nos han ‘dividido’?

– Esto me produce algo de pena y preocupación. Por encima de todo, está la persona, una mayor justicia y una mejor distribución de la riqueza. No hablo de autonomías, hablo de las grandes diferencias entre las personas. No lo sé. En cuanto a mí, yo soy español, esta es mi tierra, pero no tengo fronteras. En Argentina compartí todo con personas y religiones muy distintas y aquello era una alegría. ¿Por qué crear fronteras?

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