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¿Cómo responden las iglesias a los actuales retos políticos de las mujeres? -- Gloria Young

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Panamá profundo

Tengo dos buenas experiencias electorales en el interior del país que describen descarnadamente lo que algunas iglesias hacen para que las mujeres no lleguen a ocupar cargos de decisión en la política.
En las elecciones del año 2004 en el distrito de Barú, provincia de Chiriquí, organicé un gran grupo de mujeres nwöbes del área bananera para que me confeccionaran banderas con los colores del partido, mi nombre, número de la papeleta y le diseñaran algo distintivo para que los electores se identificaran conmigo.

Fueron las banderas más hermosas que jamás un político o partido había presentado al electorado. Cada mujer nwöbe diseñaba la bandera con la figura clásica de la enaguas nwöbes de distintas formas. No hubo una bandera igual a otra.

Las mujeres competían entre sí para hacer más creativa su bandera y fueron cientos de banderas que se distribuyeron a lo largo y ancho del distrito. Como el electorado correteaba las banderas para ponerlas en el palo más alto de su casa, mis adversarios no escatimaron esfuerzos para pagar brigadas nocturnas de robo de banderas.

Pero lo más interesante fue que uno de mis adversarios donó mucho dinero a ciertos pastores de algunas iglesias evangélicas para que ellos se encargaran de decirle a sus feligreses que yo era bruja y que en esas banderas estaba el maleficio del mal.

Quien pusiera esa bandera en su casa sería condenado al fuego eterno y en la tierra, tendría al menos 7 años de mala suerte.

Yo me reía de esas historias, pero mi risa tan sólo denotaba un desconocimiento de las costumbres de un sector importante del pueblo baruense.

Un desconocimiento de cómo se manipula la también falta de conocimiento de las personas en lugares de extrema pobreza de nuestro país. Un desconocimiento del interés materialista de muchas iglesias, de obtener recursos fáciles a costa de mentir.

Llegué a escuchar por mí misma cómo un pastor describía su encuentro con Dios y supuestamente Dios le indicaba que no debía votar por una mujer en esas elecciones, sino por un hombre y describía al hombre (mi principal adversario). De boca en boca, me iban quemando en la hoguera en cada iglesia evangélica, cuadrangular, del séptimo día, testigos de Jehová, etc.

Semanas antes de las elecciones solicitaron reunirse conmigo una serie de pastores, presididos por aquél que coordinaba todas las iglesias no católicas en el distrito de Barú.

Recuerdo que me hice acompañar por mi madre, mi esposo y activistas de mi campaña, la mayor parte, evangélicos. La reunión fue en un cuarto pequeño de una de las iglesias de Puerto Armuelles.

Como había tantas personas allí, literalmente me sentía ardiendo ya en el fuego eterno. Las preguntas iban desde si yo practicaba ritos de hechicería, porque se habían informado que realizaba reuniones con mujeres con una vela encendida, hasta si yo era lesbiana, porque mantenía un interés sospechoso en trabajar por las mujeres.

Tuve que explicarles que esas reuniones con mujeres eran las sesiones de grupos de apoyo a las mujeres sobrevivientes de violencia doméstica y que seguíamos una metodología proveniente de los grupos de apoyo de alcohólicos anónimos, donde se iniciaba con la oración de la serenidad («Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor, para cambiar aquéllas que puedo cambiar y sabiduría para conocer la diferencia»), no importaba qué religión tuviese la compañera y la vela inicial, era simbólica de la luz interior que cada una debía tener en su vida, dado que esas compañeras llegaban con la autoestima muy golpeada y se sentían desvalorizadas.

Les expliqué que los clérigos de casi todas las denominaciones han dado su bendición a Alcohólicos Anónimos y su metodología de recuperación.

Que no estábamos inventando nada nuevo. Y que el problema del maltrato y la violencia doméstica, tenía mucho que ver con la adicción a las relaciones inadecuadas de pareja.

Tuve que hacerles un resumen muy rápido de lo que significaba el feminismo como la opción política de luchar por la igualdad de oportunidades.

Les expliqué que las mujeres cristianas deben protagonizar el descubrimiento y la promoción de un feminismo que responda a los retos actuales desde un humanismo integral. Que el feminismo exige trabajar con y para las mujeres retomando las mejores intuiciones del proceso de emancipación de la mujer, negando aquello que es contrario a la verdadera dignidad de la persona.

Les reiteré que no puede haber ningún verdadero feminismo sin Dios, sobre todo, si se descubre a Dios como Amor. Si Dios es amor, no se puede aceptar el maltrato a la mujer como algo natural. Finalmente, les dije que el feminismo no es potestad de las mujeres. Que necesitábamos hombres y mujeres feministas.

Les hablé del maltrato espiritual y político que sus iglesias estaban ejerciendo contra mí a favor de hombres machistas, que mentían descaradamente y cómo muchos pastores se hacían eco de esas mentiras, poniendo a Dios por delante.

La acalorada reunión (por el calor que hacía, no por otra cosa), terminó con unos pastores convencidos de lo que yo les había planteado y arrepentidos por no haberse reunido conmigo antes. Quedaban tan pocos días para recoger tanta mentira regada por los templos del Señor…

El último día para hacer propaganda política, dos pastores se ensañaron conmigo en la radio, pagados por mi más cercano contrincante. Posteriormente los pastores «oficiales», me informaron que esos personajes no eran reconocidos por las iglesias que ellos administraban, pero en fin…el resultado fue una derrota electoral donde las iglesias tuvieron un papel preponderante en esos resultados.

La historia de las pasadas elecciones fue mucho más interesante. Me permitiré relatarla en una próxima entrega.

Pero de lo que debemos estar seguras es que más allá de los patriarcalismos religiosos, las mujeres debemos exigir respuestas y demandar nuestros derechos.

Sobre todo, cuando algunos pastores son tan incoherentes de criticar el apoyo a las mujeres violentadas, maltradas y enfrentadas a múltiples carencias espirituales y materiales en su vida cotidiana, y otros, crean centros especiales de atención a las mismas, con un modelo bastante parecido al que utiliza el Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada que presido.

¿En qué quedamos?

20.05.2009

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