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¿Agresivo? ¿Laicismo agresivo? -- Jordi Puntí

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El Periódico

De acuerdo, todo fue muy bonito y entrañable. El tiempo no les hizo la puñeta. Los barceloneses siguieron y corearon el paso del papamóvil. En la televisión, la casulla dorada del Papa, con su mitra a juego, lucía imponente, aunque no llegaba a ser ostentosa. El templo de la Sagrada Família también refulgía de esplendor.

El genio de Gaudí por fin aparecía en toda su plenitud arquitectónica, tal como cuentan las guías turísticas. Los más de mil sacerdotes catalanes que participaron en la misa estaban nerviosos y emocionados, pero nadie perdió el sosiego. La multitud de fieles ofrecía un retrato transversal del cristianismo y la sociedad catalanes. Por un día, la familia del Opus con cinco hijos y chaquetas de 400 euros compartió su profesión de fe con los inmigrantes suramericanos que mañana les servirán el desayuno o cuidarán de su jardín.

Esta postal idílica que dejó el Papa contrasta con el alarmismo de sus declaraciones. Antes de tomar tierra en Santiago se refirió al «laicismo agresivo» que se vive en España y lo comparó con el anticlericalismo de la Segunda República. ¿Agresivo? ¿De verdad? Hoy en día, cuando precisamente las religiones están tomando posturas tan extremas, es un disparate considerar que las pancartas, los chistes ingeniosos y un grupo de gente besándose en público sean agresivos. Si el Papa fuera de verdad un pensador, como algunos pretenden, sabría que, en el mundo civilizado, agresivo es un término que apela al desorden social y a la violencia terrorista.

Antes de ser pronunciadas, todas las palabras son inocentes por igual. Se puede instruir e iluminar, pero también se puede manipular, como la Iglesia católica sabe y demuestra desde hace siglos. La invención de un concepto como el laicismo agresivo está en el reverso del fundamentalismo religioso de Benedicto XVI. Le da más visibilidad porque señala a un enemigo. No es un mensaje de paz porque busca la confrontación.

Como me picaba la curiosidad, ayer miré en Google cuándo apareció por primera vez el concepto. Data del año del 2002 y está en boca del entonces cardenal Ratzinger. A partir de ese momento, el funesto Rouco Varela se adueñó de la frase y la repite cada vez que alguien le pone un micrófono delante. Dios los cría y ellos se juntan. En el fondo, el único acto agresivo de estos días lo cometió el propio Benedicto XVI, que ayer desayunó pan con tomate y horchata. A quién se le ocurre.

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