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Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2022

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papa Francisco24Fuente: Observatorio Eclesial
El Vaticano publicó este 12 de mayoel Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2022 que se celebrará el domingo 25 de septiembre con el tema: ―Construir el futuro con los mi-grantes y los refugiados‖.―Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación‖, escribió el Papa.A continuación, el Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial del Migrante del Refugiado 2022: o tenemos aquí a ajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futu-ra» (Hb 13,14).

Queridos hermanos y hermanas:El sentido último de nuestro ―viaje‖ en este mundo es la búsqueda de la verdadera patria, elReino de Dios inaugurado por Jesucristo, que encontrará su plena rea-lización cuando l vuelva en su gloria. Su Reino aún no se ha cumplido, pero ya está presente en aquellos que han acogido la salvación. El Reino de Dios está en nosotros. Aunque todavía sea escato-lógico, sea el futuro del mundo, de la humanidad, se encuentra al mismo tiempo en nosotros». [1]La ciudad futura es una ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hb 11,10). Su proyecto prevé una intensa obra de edificación, en la que todos debemos sentirnos comprometidos perso-nalmente.

Se trata de un trabajo minucioso de conver-sión personal y de transformación de la realidad, para que se adapte cada vez más al plan divino. Los dramas de la historia nos recuerdan cuán lejos es-tamos todavía de alcanzar nuestra meta, la Nueva Je-rusalén, morada de Dios entre los hombres (Ap 21,3). Pero no por eso debemos desanimarnos. A la luz de lo que hemos aprendido en las tribulaciones de los últimos tiempos, estamos llamados a renovar nuestro compromiso para la construcción de un futuro más acorde con el plan de Dios, de un mundo donde todos podamos vivir dignamente en paz. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia (2 P 3,13).

La justicia es uno de los elementos constitutivos del Reino de Dios. En la búsqueda cotidiana de su voluntad, ésta debe edificar-se con paciencia, sacrificio y determinación, para que todos los que tienen hambre y sed de ella sean sacia-dos (cf. Mt 5,6). La justicia del Reino debeentenderse como la realiza-ción del orden divino, de su armonioso designio, según el cual, en Cristo muerto y resucitado, toda la creación vuelve a ser ―buena‖ y la humanidad ―muy buena‖ (cf. Gn 1,1-31). Sin embargo, para que reine esta maravi-llosa armonía, es necesario acoger la salvación de Cris-to, su Evangelio de amor, para que se eliminen las de-sigualdades y las discriminaciones del mundo presente.Nadie debe ser excluido. Su proyecto es esencialmente inclusivo y sitúa en el centro a los habitantes de las pe-riferias existenciales.

Entre ellos hay muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata. Es con ellos que Dios quiere edificar su Reino, porque sin ellos no sería el Reino que Dios quiere. La inclusión de las personas más vulnerables es una condición necesaria para obtener la plena ciudadanía. De hecho, dice el Señor: Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue prepa-rado desde el comienzo del mundo, porque tuve ham-bre, y ustedes me dieron decomer; tuve sed, y me die-ron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vi-nieron a ver» (Mt 25,34-36).

Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa también reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación. Me gusta ver este enfoque del fenómeno migratorio en una visión profética de Isaías, en la que los extranjeros no figuran como invasores y destructores, sino como traba-jadores bien dispuestos que reconstruyen las murallas de la Nueva Jerusalén, la Jerusalén abierta a todos los pueblos (cf. Is 60,10-11).

En la misma profecía, la llegada de los extranjeros se presenta como fuente de enriquecimiento: Se volcarán sobre ti los tesorosdel mar y las riquezas de las nacio-nes llegarán hasta ti (60,5). De hecho, la historia nos enseña que la aportación de los migrantes y refugiados ha sido fundamental para el crecimiento social y eco-nómico de nuestras sociedades. Y lo sigue siendo también hoy. Su trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y su entusiasmo enriquecen a las comunidades que los acogen.

Pero esta aportación podría ser mucho mayor si se valorara y se apoyara mediante programas específicos. Se trata de un enor-me potencial, pronto a manifestarse, si se le ofrece la oportunidad.Los habitantes de la Nueva Jerusalén —sigue profeti-zando Isaías—mantienen siempre las puertas de la ciudad abiertas de par en par, para que puedan entrar los extranjeros con sus dones: «Tuspuertas estarán siempre abiertas, no se cerrarán ni de día ni de noche, para que te traigan las riquezas de las naciones» (60,11). La presencia de los migrantes y los refugiados repre-senta un enorme reto, pero también una oportunidad de crecimiento cultural y espiritual para todos. Gracias a ellos tenemos la oportunidad de conocer mejor el mun-do y la belleza de su diversidad. Podemos madurar en humanidad y construir juntos un ―nosotros‖ más grande.

En la disponibilidad recíproca se generan espaciosde confrontación fecunda entre visiones y tradiciones dife-rentes, que abren la mente a perspectivas nuevas. Descubrimos también la riqueza que encierran religio-nes y espiritualidades desconocidas para nosotros, y esto nos estimula a profundizar nuestraspropias con-vicciones.En la Jerusalén de las gentes, el templo del Señor se embellece cada vez más gracias a las ofrendas que llegan de tierras extranje-ras: En ti se congregarán todos los re-baños de Quedar, los carneros de Ne-baiot estarán a tu servicio: subirán como ofrenda acep-table sobre mi altar y yo glorificaré mi Casa gloriosa (60,7). En esta perspectiva, la llegada de migrantes y refugia-dos católicos ofrece energía nueva a la vida eclesial de las comunidades que los acogen. Ellos son a menudo portadores de dinámicas revitalizantes y animadores de celebraciones vibrantes.

Compartir expresiones de fe y devociones diferentes representa una ocasión privile-giada para vivir con mayor plenitud la catolicidad del pueblo de Dios.Queridos hermanos y hermanas, y especialmente uste-des, jóvenes, si queremos cooperar con nuestro Padre celestial en la construcción del futuro, hagámoslo junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes y refu-giados.

¡Construyámoslo hoy! Porque el futuro empieza hoy, y empieza por cada uno de nosotros. No podemos dejar a las próximas generaciones la responsabilidad de decisiones que es necesario tomar ahora, para que el proyecto de Dios sobre el mundo pueda realizarse y venga su Reino de justicia, de fraternidad y de paz.

Oración

Señor, haznos portadores de esperanza, para que donde haya oscuridad reine tu luz y donde haya resignación renazca la confianza en el futuro. Señor, haznos instrumentos de tu justicia para que donde haya exclusión florezca la fraternidad, donde haya codicia florezca la comunión. Señor, haznos constructores de tu reino junto con los migrantes, los refugiados, con todos los habitantes de las periferias. Señor, haz que aprendamos cuán bello es vivir como hermanos, hermanas. Amén.

Roma. San Juan de Letrán 9 de mayo de 2022

Nota:[1] S. Juan Pablo II, Visita a la parroquia romana de San Francisco de Asís y Santa Catalina de Siena, Patronos de Italia (26 noviembre 1989).(aciprensa.com) 12/05/2022

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